Autismo

De niña, siempre me gustaba ver pasar el Tiempo. Por las ventanas frente a mi casa, con los cambios de sus decorados, de sus cortinas; (las caras, —de cuando en cuando— distintas y asomadas al balcón de las décadas), yo veía asombrada como el Tiempo velozmente pasaba, sin casi advertirlo.

Notaba también que el Tiempo pasaba, por los cambios de las modas en el ropero; en la sonrisa centelleante de mi alegría o en la dulzura de mi tristeza; en las puertas que se abrían y se cerraban al paso de amores y de decesos; en la música que aherrojaba instantes y emociones.

Veía pasar al Tiempo, en las personas que ocupaban diferentes alcobas en mi casa.

Y de repente ya no lo vi más. Se detuvo para siempre en la figura aborrecible y testaruda de una viejecilla que insiste en asomarse frente a mi espejo.

Judas María Velazco
No. 117, Enero-Marzo 1991
Tomo XX – Año XXVIII
Pág. 53

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