Ícaro

Cuenta la leyenda que al salir volando del laberinto, Ícaro se acercó tanto al sol que la cera que sostenía sus alas se derritió y él cayo al mar ahogándose. Lo que en realidad pasó fue que, hechizado por el fulgor del astro, Ícaro decidió fundirse con él. Ahora, convertido en un rayo solar, llega hasta el sitio más recóndito del laberinto para guiar a los que se han perdido y, algunas veces, hasta les presta sus alas para que puedan salir.

Bernardo Esquinca Azcárate
No. 117, Enero-Marzo 1991
Tomo XX – Año XXVIII
Pág. 71

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