Zadig


Una niña muy rica había dado palabra de casamiento a dos magos, y, después de haber recibido durante algunos meses instrucciones de uno y otro, se sintió encinta. Ambos pretendían casarse con ella. “Aceptaré por marido, dijo, al que me ha puesto en condiciones de dar un ciudadano al imperio”.

—Soy yo quien ha tenido esa suerte, dijo el otro.

—Pues bien, contestó ella, reconoceré como padre del niño al que pueda darle una mejor educación.

Y tuvo un hijo. Cada un de los magos quería educarle. La causa fue llevada ante Zadig. Éste convoca a los dos magos.

—¿Qué le enseñarías a tu alumno?, le dijo al primero.

—Yo le enseñaría, respondió, las ocho partes de la oración, la dialéctica, la astrología, la demonomanía, lo que es la substancia y el accidente, lo abstracto y lo concreto, las mónadas y la armonía preestablecida.

—Yo, confió el segundo, trataría de hacer de él un hombre justo y digno de tener amigos.

Zadig sentenció:

—Seas o no su padre, te casarás con la madre.

Voltaire
No. 29, Abril 1968
Tomo V – Año IV
Pág. 383

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