El anuncio


Se trata de inventar falsos “anuncios económicos” para los periódicos: Ejemplos:

“Por capricho vendo todo”.

“Cambio una cosa por otra”.

“Por causa de viaje vendo maleta”.

“Sastre siniestro compra telarañas”.

“Huevo inmenso solicita propagandistas”.

“Cambio colas de piano por patas de palo”.

Etc.

Alexandro Jodorowsky
No. 29, Abril 1968
Tomo V – Año IV
Pág. 451

La bella esposa


Usted se ha casado; la tontería esta hecha ya; hay que tratar entonces de aprovechar las ventajas. Ocurre que su mujer es muy bella; en cuanto a usted… usted es más bien lo que se llama un monstruo.

Lo que debe hacer es mostrar por todas partes a su bella esposa. Para que todo el mundo se regale con el contraste y piense: “¿Qué tendrá este hombre para haber conquistado a una mujer tan bonita?”
De ahí a querer conocer lo que tiene este hombre no hay más que el espesor de un pensamiento. Esté usted alerta.

Jean Dutourd
No. 29, Abril 1968
Tomo V – Año IV
Pág. 445

Hijas de Caín


La raza de Caín era una raza maldita; pero sus mujeres eran hermosas… ¿Cómo eran las hijas de Caín? Sin duda tenían esa belleza semidiabólica de las razas oscuras que en ciertas épocas literarias ha sido descrita con tanta elocuencia. Sin duda tenían una cabellera abundante, negra y ondulada, “como la cabellera anguiliforme de Medusa”, y unos ojos verdosos, indecisos, fríos, penetrantes, “humosos”, enigmáticos, bajo unas cejas unidas; y una nariz breve, de aletas movibles y palpitantes; y unos labios un poco gruesos, como una fruta roja partida en dos, fresa o cereza, fruta que es locura y delicia al morder; y unos dientes muy blancos y apretados, centelleantes, duros, crueles; y una sonrisa indefinible, que lo promete todo, que infunde inquietud invencible, que se burla cuando parece que llama; y una lengua ágil, que aparece entre los dientes apenas entreabiertos, y pasa, a veces, por los labios, “haciendo pensar en cosas oscuras y deliciosas”; y un desnudo “semiandrógino”, “adolescente”, de “estatua de palosanto”, con unos senos diminutos y erguidos, terminados “en rubíes, como gotas de sangre”; y unas manos y unos pies de niño, pero manos y pies que saben todas las cosas en la caricia y en la danza; y unos movimientos suaves, “felinos”, ondulantes, como “la oscilación de las caderas de Salomé” danzando ante Herodes Antipas, como las bayaderas javanesas que vio danzar Monsieur de Phocas, acompañando una visión de hachisch; serpentarios como los de la Serpiente del Paraíso, reveladora del Bien y del Mal; sinuosos y equívocos, anguis in herba; y una piel fina, suave y cálida, ardiente como de fiebre, una piel de noche del trópico; y un perfume intenso, “como de animal en celo”, como “de sándalo y canela mezclados”, y todos los aromas de los ungüentos de Esther, y al mismo tiempo, en el fondo, cierto imperceptible hedor de podredumbre de muerte; en una palabra, todas las seducciones, todas las embriagueces, todos los venenos —porque los extremos se tocan, porque la serpiente se muerde la cola— de las últimas decadencias, de las épocas moribundas que lo han agotado todo ya…

Vicente Risco
No. 29, Abril 1968
Tomo V – Año IV
Pág. 435

Extraña isla


En otra ocasión desembarcaron en un paro de “las más extrañas islas” donde encuentran pájaros que abultan tanto como águilas o grullas, rojos con cabeza verde, que ponen huevos azules y carmesíes. Cuando algunos de los viajeros comen de los huevos, les brotan por todas partes plumas que sólo desaparecen cuando se han bañado.

Aventura de Teigue
No. 29, Abril 1968
Tomo V – Año IV
Pág. 430