Un pistolero del oeste


A veces, Jack Slade dejaba a sus enemigos sin molestarlos durante semanas y meses, sin hablar de la ofensa ni mirarlos con sonrisa agorera. Había quienes opinaban que actuaba así para que sus víctimas se confiaran y poderlas atacar de improviso. Otros, en cambio, afirmaban que Slade hacía durar al enemigo da la misma manera que un niño hace durar el caramelo, para disfrutarlo más tiempo, saboreándolo por anticipado.

Mark Twain
No. 113, Enero-Marzo 1990
Tomo XIX – Año XXVII
Pág. 99

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