Ermilo Abreu Gómez

Ermilo Abreu Gómez

     A lo largo de su trayectoria literaria Ermilo Abreu Gómez, escribió críticas, ensayos y una serie de libros sobre Sor Juana Inés de la Cruz, siendo esta una de sus facetas más conocidas.

     El Conaculta recuerda su producción literaria, en ocasión del aniversario 117 de su nacimiento. Abreu Gómez fue maestro, novelista, historiador, ensayista y dramaturgo, nació en Mérida, Yucatán, el 18 de septiembre de 1894.

     Falleció en la Ciudad de México el 14 de julio de 1971. Su obra más destacada es Canek, escrita en 1940, en la cual recrea un hecho real ocurrido en 1761, en el cual se proyecta la sensibilidad del pueblo maya.

     Luego de realizar estudios en la Escuela Normal Superior de México se tituló como maestro en letras y posteriormente se convirtió en catedrático de la misma institución.

     Entre 1947 y 1960 vivió en Washington, Estados Unidos y trabajó para la División de Filosofía y Letras de la Unión Panamericana. También trabajó para la Universidad de Illinois y en el Colegio Middlebury, Vermont. 

     Durante su estancia en ese país escribió y publicó obras como Quetzalcóatl, sueño y vigilia en 1947, la novela Naufragio de indios, en 1951; La conjura de Xinum en 1958 y Cuentos para contar al fuego de 1959.

     También fue maestro de la Universidad Nacional Autónoma de México y a partir de 1963 miembro de la Academia Mexicana de la Lengua, en sustitución de Artemio de Valle Arizpe.

     Abreu Gómez nació en una de las zonas culturales más ricas del país, donde existe gran arraigo por las abundantes tradiciones y leyendas mayas, por lo que plasmó en su obra sus impresiones y conocimientos sobre esta cultura.

     En 1919 escribió su primera obra publicada, una leyenda maya titulada La Xtabay, que fue llevada a escena y con la cual incursionó en el teatro infantil.

     Su obra dramática, escrita siempre en un solo acto, se mueve por temas de tipo costumbrista. Ejemplo de ello es La Montaña, cuyo estreno se remonta al año de 1918 en la ciudad de Mérida. En 1925 estrenó El cacique en la capital del país.

     Su trabajo como escritor inició en La Revista de Mérida, donde publicó sus primeros cuentos. En la Ciudad de México colaboró para revistas como Contemporáneos y El hijo pródigo.

     En 1934 escribió Sor Juana Inés de la Cruz, bibliografía y biblioteca. También desarrolló trabajos similares sobre Luis de Góngora y Argote, Carlos de Sigüenza y Góngora y del dramaturgo novohispano Juan Ruiz de Alarcón[1].

 

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Las alas de la mariposa


Una mariposa perdió sus alas y se echó a llorar y su amigo Tamaychi le dijo:

—¿Por qué lloras?

—Perdí mis alas.

—Sigue mi consejo y serás feliz.

—Lo seguiré cualquiera que sea.

—Camina hasta que llegues a esa lomita.

—¡Está muy lejos!

—Pues sólo si llegas a ella podrás ser feliz.

—Iré entonces porque sin alas me siento morir.

La mariposa se puso a caminar y a caminar y así caminando llegó a la lomita, a tiempo que caía el sol. Pero estaba tan cansada que se quedó dormida y soñó entonces que tenía alas y que volaba y volaba. Cuando despertó, Tamaychi se le acercó y le dijo:

—Te veo feliz mariposita.

—Oh, si muy feliz. Soñé que tenía alas y que volaba.

—Sigue soñando, que la felicidad soñada, ya es felicidad.

Ermilo Abreu Gómez
No. 30, Mayo 1968
Tomo V – Año V
Pág. 561

Macedonio Fernández

Macedonio Fernández

(Buenos Aires, 1 de junio de 1874 – Buenos Aires, 10 de febrero de 1952)

Fue un escritor argentino, autor de novelas, cuentos, poemas, artículos periodísticos, ensayos filosóficos y textos de naturaleza inclasificable. Ha ejercido una gran influencia sobre la literatura argentina posterior.

Hijo de Macedonio Fernández, estanciero y militar, y de Rosa del Mazo Aguilar Ramos. En 1887 cursa sus estudios en el Colegio Nacional Central.

Durante 1891-1892 publica en diversos periódicos una serie de páginas costumbristas incluidas más tarde en Papeles antiguos, primer volumen de sus Obras completas (Buenos Aires: Corregidor). Compañero y amigo íntimo de Jorge Guillermo Borges (padre de Jorge Luis Borges), comparten el interés por el estudio de la psicología de Herbert Spencer y por la filosofía de Arthur Schopenhauer.

En 1897 la Facultad de Derecho de la Universidad de Buenos Aires le otorga el título de doctor en jurisprudencia por una tesis titulada De las personas que todavía permanece inédita. Publica en La Montaña, diario socialista dirigido por Leopoldo Lugones y José Ingenieros. En 1898 recibe su diploma de abogado. Al año siguiente se casa con Elena de Obieta, con quien tendrá cuatro hijos.

Publica en 1904 algunos poemas en la revista Martín Fierro (que no hay que confundir con revista vanguardista del mismo nombre publicada durante los años 20 y en la que tendrá un papel muy activo). En 1910 obtiene el cargo de Fiscal en el Juzgado Letrado de la ciudad de Posadas, en la provincia de Misiones, que desempeña durante algunos años.

En 1920 muere su esposa. Los hijos quedan al cuidado de abuelos y tías. Abandona la profesión de abogado. Cuando Jorge Luis Borges vuelve de Europa en 1921 redescubre a Macedonio, con quien comienza una prolongada amistad. Borges, hacia 1960, dicta -ya ciego- un breve y sustancioso prólogo para una antología de Macedonio. Allí se nos dice que ninguna persona lo impresionó tanto como él. Hombre que no se cansaba de ocultar, antes que mostrar, su inteligencia proverbial. Macedonio prefería el tono de consulta modesta antes que el dictamen pontificador. Su tono habitual era el del ánimo perplejo. Lo caracterizaba la veneración de Cervantes, una cierta divinidad, para él. Detestaba todo aparato erudito, que entendía como una manera de eludir el pensamiento personal. De esta manera su actividad mental era incesante. Vivía desinteresado de las críticas ajenas, de confirmaciones o refutaciones exteriores. Con desparpajo y no cuestionada generosidad, atribuía su propia inteligencia a todos los hombres. Poseía la veneración supersticiosa de todo lo argentino. Y ejecutaba, en grado eminente, el arte de la soledad, y de la inacción. Sin hacer absolutamente nada, era capaz de permanecer solo, por horas. Pensar -no escribir- era su devota tarea. Aunque también solía, en la soledad de su pieza, o en la turbulencia de un café, abarrotar cuartillas en caligrafía minuciosa. Empero, no le asignaba valor a su palabra escrita. Dos temores lo atravesaban: el del dolor y el de la muerte. Borges conjetura que para eludir este último postuló la metafísica inexistencia del yo. En lo que concierne a la literatura, le importaba menos que el pensamiento y la publicación le era más indiferente que la literatura. Así, su vocación fundamental era la contemplativa y la persecución del desciframiento del misterio filosófico del universo.

En 1928 se edita No toda es vigilia la de los ojos abiertos, a instancias de Raúl Scalabrini Ortiz y Leopoldo Marechal. Publica al año siguiente Papeles de Recienvenido. Durante este período, se preocupa por crear expectativas respecto a la posible aparición de la novela Museo de la Novela de la Eterna. En 1938 publica “Novela de Eterna” y la Niña del dolor, la “Dulce-persona” de un amor que no fue sabido, anticipación de Museo de la Novela de la Eterna.

Tres años más tarde publica en Chile Una novela que comienza.

En 1944 se publica una nueva edición de Papeles de Recienvenido. En 1947, Macedonio se instala en la casa de su hijo Adolfo, donde residirá hasta su muerte[1].

 

Un paciente en disminución


El señor Ga había sido tan asiduo, dócil y prolongado paciente del doctor Terapéutica que ahora ya era sólo un pie. Extirpados sucesivamente los dientes, las amígdalas, el estómago, un riñón, un pulmón, el bazo, el colon, ahora llegaba el valet del señor Ga a llamar al doctor Terapéutica para que atendiera el pie del señor Ga, que lo mandaba llamar.

El doctor Terapéutica examinó detenidamente el pie y “meneando con grave modo” la cabeza resolvió: “Hay demasiado pie, con razón se siente mal: le trazaré el corte necesario, a un cirujano”.

Macedonio Fernández
No. 30, Mayo 1968
Tomo V – Año V
Pág. 554