El remedio

Porque sufría de insomnio en las noches y de sueño invencible durante el día, tuve que aceptar el brebaje que me ofreció, hace tiempo, un desconocido que inopinadamente metió su cabeza en mi ventana.

Aquella pócima me deparó inmediato alivio. Hoy duermo y vigilo con regularidad impecable y nadie podría tomarme por un individuo excéntrico. Mi dicha sería completa si no hubiese comenzado a adevertir, con inquietud creciente, el irresistible deseo de proferir obscenidades vergonzosas ente letreros que derraman absoluto silencio.

Sergio García Ramírez
No. 93, Mayo-Junio 1985
Tomo XVI – Año XX
Pág. 626

Los ecalitos


Nunca he sabido si era debido a una enfermedad o a una simple disposición natural. El cuerpo de los ecalitos, por poco que les rocen, enrojece (menos las manos y los pies).

La señal les dura una hora, a veces mucho más.

Los cazadores que vuelven del bosque parecen flores, hojas, semillas.

El cuerpo de las mujeres es nacarado, rosa, con reflejos admirables.

No me cansaba de estampar, con el pulgar y los dedos, figuras rosadas y otros cuerpos rosados de hadas y de muñecas. Gracias a ese pequeño talento, ellas me amaban. Les gustaba, sumisas y traviesas, abandonarse entre mis dedos.

Henri Michaux
No. 93, Mayo-Junio 1985
Tomo XVI – Año XX
Pág. 619

Mis calcetas

Me desperté hoy como día a día me despierto: Con el despertar de Ernesto: un súbito graznido, un sentarse sobre la cama rotundo, un canturreo idiota mientras busca entre las sábanas sus calcetas y hasta que se las pone. Se duerme vestido. Llega noche a noche cansado, harto de llegar noche a noche cansado, se tira sobre la cama, dice que se pondrá la pijama en cuanto recobre un poco de fuerzas, se duerme. Durante la noche pierde las calcetas. Se soba el pie derecho con la planta del izquierdo y viceversa. Se despierta de golpe, sacudido en un solo movimiento del sueño, se sienta sobre la cama con un graznido (mis calcetas mis calcetas), revuelve las sábanas cantando no sé qué tierna canción de un negrito y una negra jacarandosa hasta que encuentra y se pone las calcetas. Yo, entre una pestaña y otra, lo observo, me digo: me desperté hoy como día a día me despierto: con el despertar de Ernesto: un súbito y eso y lo demás hasta llegar a cansarme de describir paso a paso el despertar de Ernesto: y decir simplemente que me desperté hoy como día a día me despierto: con el despertar de Ernesto: un súbito y eso y lo demás y me voy sumiendo nuevamente en mi sueño que trata de un hombre que se despierta graznando vestido y sin calcetas.

Sabina Berman
No. 93, Mayo-Junio 1985
Tomo XVI – Año XX
Pág. 615