Ars longa vita brevis


Entonces conoció Gerbert lo extenso del conocer y lo corto de la vida. “Ars longa vita brevis”. ¡y la fiebre del saber le devoraba! “Para saberlo todo, no basta la vida de un hombre…”, se dijo. Y el Diablo que le acechaba, según cuenta la leyenda, halló su momento psicológico para presentársele, como lo hizo, ofreciéndole toda la sabiduría y todo el poder de la tierra en breve plazo, a cambio de su alma; y Gerbert aceptó. Llevolo entonces el maligno a Córdoba; y allí, con la ayuda del demonio de la perseverancia y del de la penetración, aprendió el enigma de la escritura árabe cuyos caracteres se trazan al revés de las letras cristianas; el álgebra, ésta cábala de la proporción; la geometría, clave de los misterios de la forma; conocimientos todos ignorados de los buenos creyentes. Luego alcanzó el arte de construir una máquina que midiera el tiempo, para poder ponderar la rapidez o lentitud de los procedimientos de la Providencia. Vio las estrellas de cerca, gracias a las artimañas infernales, escudriñando así la obra del Creador en sus detalles; y acabó, por fin, por adquirir el arte mágico de atraerse las simpatías.

Pompeyo Gener
No. 36, Mayo-Junio 1969
Tomo VI – Año V
Pág. 397

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