Un Ghul


Pero aquel joven tan hermoso no era otra cosa que un Ghul entre los ghules, y de la especie más peligrosa. Y llevó a Dalal a su casa, que estaba situada en soledad, en la cima de una montaña. Luego fue a batir el campo, a salir a los caminos, a hacer abortar a las mujeres encintas, a producir miedo a las viejas, a aterrar a los niños, a aullar con el viento, a ladrar a las puertas, a chillar en la noche, a frecuentar las ruinas antiguas, a sembrar maleficios, a gesticular en las tinieblas, a visitar las tumbas, a husmear muertos, y a cometer mil atentados y a provocar mil calamidades.

Historia de Baibars en Las mil noches y una noche.
No. 36, Mayo-Junio 1969
Tomo VI – Año V
Pág. 416

El hombre pájaro

Batir los brazos como el pájaro bate las alas, no es algo precisamente gracioso; mas, para un niño de año y medio escaso, vera un hombre mover los brazos en esa forma si tiene gracia, a juzgar por las expresiones de alegría.

¿Por qué tiene gracia?

No lo sé aún, por más vueltas que doy sobre las terrazas y sobre las colinas.

Álvaro Menén Desleal
No. 36, Mayo-Junio 1969
Tomo VI – Año V
Pág. 409

Vidas paralelas

Amós, profeta escriba, miró el cielo y vio la barca de los muertos.

Hesíodo de Ascras, más modesto, vio una piedra, un río, un hombre trabajando.

Oseas, Miqueas e Isaías se deslumbraron ante el rostro esquivo de Dios.

Arquíloco de Pares y Tirteo de Esparta se entristecieron cada atardecer.

Mimnermo de Colofón dedicó una elegía.

Alemán de Sadres, una oda.

Ya nadie recordaba a Homero.

Protágoras era vituperado y a Polígnoto se lo consideró un joven pedante.

Mo-Ti vio entonces el junco, los pájaros, las nubes.

Mucho más tarde, Sacrobosco imaginó el Tratado de la Esfera.

Ahora ya nadie ignora que la marca del escriba es nada más que un plato volador, que los Trabajos y los Días aluden a los labriegos de Marte que día a día reconstruyen sus valles y llanuras. Y cualquier niño sabe que Mo-Ti, al mirar los juncos y los pájaros, descifra la verdad de todo el universo.

Pedro Orgambide
No. 36, Mayo-Junio 1969
Tomo VI – Año V
Pág. 409

El separador


Cuentan que al Emir de los Creyentes Omar Ibn Al-Khattab, —que fue el califa más justo y el hombre más desinteresado del Islam— se le aopodó El-Farrukh, o el Separador, porque tenía la costumbre de separar en dos, de un sablazo, a todo el hombre que se negara a obedecer una sentencia pronunciada contra él por el Profeta (¡con Él la plegaria y la paz).

Las mil noches y una noche
No. 36, Mayo-Junio 1969
Tomo VI – Año V
Pág. 405