Vidas paralelas

Amós, profeta escriba, miró el cielo y vio la barca de los muertos.

Hesíodo de Ascras, más modesto, vio una piedra, un río, un hombre trabajando.

Oseas, Miqueas e Isaías se deslumbraron ante el rostro esquivo de Dios.

Arquíloco de Pares y Tirteo de Esparta se entristecieron cada atardecer.

Mimnermo de Colofón dedicó una elegía.

Alemán de Sadres, una oda.

Ya nadie recordaba a Homero.

Protágoras era vituperado y a Polígnoto se lo consideró un joven pedante.

Mo-Ti vio entonces el junco, los pájaros, las nubes.

Mucho más tarde, Sacrobosco imaginó el Tratado de la Esfera.

Ahora ya nadie ignora que la marca del escriba es nada más que un plato volador, que los Trabajos y los Días aluden a los labriegos de Marte que día a día reconstruyen sus valles y llanuras. Y cualquier niño sabe que Mo-Ti, al mirar los juncos y los pájaros, descifra la verdad de todo el universo.

Pedro Orgambide
No. 36, Mayo-Junio 1969
Tomo VI – Año V
Pág. 409

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