El árbol de las joyas


… Y observó que los árboles de aquel jardín, en efecto, estaban agobiados bajo el peso de sus frutas, que eran extraordinarias de forma, de tamaño y de color. Y notó que, al contrario de lo que ocurre con los árboles de los huertos, cada rama de aquellos árboles tenía frutas de diferentes colores. Las había blancas, de un blanco transparente como el cristal, o de un blanco turbio como el alcanfor, o de un blanco opaco como la cera virgen. Y las había rojas, de un rojo como los granos de la granada o de un rojo como la naranja sanguínea. Y las había verdes, de un verde oscuro y de un verde suave; y había otras que eran azules y violeta y amarillas; y otras que ostentaban colores y matices de una variedad infinita. ¡Y el pobre Aladino no sabía que las frutas blancas eran diamantes, perlas , nácar y piedras lunares; que las frutas rojas eran rubíes, carbunclos, jacintos, coral y cornalinas; que las azules eran esmeraldas, berilos, jade, prasios y aguas-marinas, que las azules eran zafiros, turquesas, lapislázuli y lazulitas; que las violeta eran amatistas, jaspes y sardoinas; que las amarillas eran topacios, ámbar y ágatas; y que los demás de colores descoloridos, eran ópalos, venturinas, crisólitos, cimófanos, hematitas, turmalinas, peridotos, azabaches y crisopacios! Y caía el sol a plomo sobre el jardín. Y los árboles despedían llamas de todas sus frutas, sin consumirse.

Aladino y la lámpara maravillosa en Las mil noches y una noche.
No. 36, Mayo-Junio 1969
Tomo VI – Año V
Pág. 421

2 Respuestas a “El árbol de las joyas

  1. Este texto me retrotrajo a las siestas de verano, en mi niñez, cuando leía a escondidas porque se suponía que debía estar descansando. ¡Qué placer el mundo maravilloso de las Mil y una noches, más real que la realidad que me rodeaba! Muchas gracias, Laura N.

    • Nos pasa a muchos, que recordamos las lecturas de infancia con esas historias. En la adultez, leyendo las versiones completas se sumerge uno en historias dentro de historias, y para llegar a la 100l, es una verdadera proeza. ¡pero Alá es más sabio!

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