El misógino


—¿No me reconoces? Soy aquella a la que amaste tanto, decía la mendiga.

Me compadecí de la infortunada, la vestí, le di de comer. ¡Ah! Con cuanta autoridad dominaba al día siguiente a los de casa; vigilaba mis lecturas, se quejaba del olor del tabaco. Un día, expulsó a mi legítima esposa.

—¿No me reconoces? Soy tu esposa legítima…

—¡Ah, no, una vez es suficiente!

Max Jacob
No. 36, Mayo-Junio 1969
Tomo VI – Año V
Pág. 438

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