El mundo

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Dios todavía no ha creado el mundo; sólo está imaginándolo, como entre sueños. Por eso el mundo es perfecto, pero confuso.

Tito Monterroso
No. 65, Junio-Julio 1974
Tomo X – Año XI
Pág. 631

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Luis Arturo Ramos

Luis Arturo ramos

Luis Arturo Ramos

Narrador y ensayista mexicano. Nació en Minatitlán, Estado de Veracruz. Estudió letras españolas en la Universidad Veracruzana. Ha sido maestro en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Actualmente en la Universidad de Texas en El Paso dicta cursos como crónica, cuento chicano y formas y técnicas de ficción, entre otros. Fue becario del Centro Mexicano de Escritores y ha sido galardonado con varios premios literarios: Premio Nacional de Narrativa, Premio Latinoamericano de Narrativa, Premio Nacional de Ensayo y finalista del Premio Mortiz‑Planeta. Ha publicado siete  novelas: Ricochet o los derechos de autor, 2007; Los argentinos no existen, 2005; La mujer que quiso ser Dios, 2000; La casa del ahorcado, 1993; Este era un gato, 1988; Intramuros, 1983 y Violeta‑Perú, 1979. Cuatro libros de cuentos: La señora de la fuente, 1996; Domingo junto al paisaje, 1987; Los viejos asesinos, 1981 y Del tiempo y otros lugares, 1979. Cinco libros para niños: Blanca‑Pluma, 1993; Cuentiario, 1986; La noche que desapareció la luna, 1985; La voz de Coatl, 1983 y Zili el unicornio, 1980, y un libro de crónicas: Crónicas desde el país vecino. Vive en la ciudad de El Paso, pero escapa los días acalorados del verano a su estado natal de Veracruz[1].

La única mujer

Y yo, siempre deseoso de nuevas experiencias, entré en el prostíbulo donde ejercía la única mujer que se entregaba en forma completa y sin prejuicios. Con los primeros rayos del sol pude percatarme de su ausencia; ausencia no tan completa como para impedirme apreciar, por última vez, los minúsculos piececitos que desparecían por el orificio de mi sexo. Abandoné el lugar lamentando que la entrega hubiera sido tan literal. Ahora la siento palpitar dentro de mí como un pájaro asustado, o divertido.

Luis Arturo Ramos
No. 65, Junio-Julio 1974
Tomo X – Año XI
Pág. 629

De su noche de gran triunfo

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Ligera, soprano ligera. Carmen María Peláez parada en el escenario para cantar su noche de gran triunfo. El empresario de bigote de aceite y zapatos charolados lo ha garantizado: Garamba, Carmen, gran gala de Beras. Carmen María, coruscante y joven, cegada por las luces del proscenio, canta. ¡Ah, canta, canta, Carmen, canta! Y Carmen muge y trina y se desgarra. Y con el último acorde estalla la cálida salva de aplausos. Carmen María se inclina, saluda envuelta en la ola cálida, se alza. Las luces disminuyen, cede el espeso muro de sombra. La boca enorme del vasto teatro vacío y el empresario, muerto de risa, que da vueltas a monstruosa araña, al monstruoso aparatito de aplausos. Carmen María quiere escapar, pero se encuentra aprisionada en la reciedumbre de los huesos. Se mira y es una espantosa anciana.

Eliseo Diego
No. 65, Junio-Julio 1974
Tomo X – Año XI
Pág. 623

Eliseo Diego
No. 90, 1984
Tomo XV – Año XIX
Pág. 285