La única mujer

Y yo, siempre deseoso de nuevas experiencias, entré en el prostíbulo donde ejercía la única mujer que se entregaba en forma completa y sin prejuicios. Con los primeros rayos del sol pude percatarme de su ausencia; ausencia no tan completa como para impedirme apreciar, por última vez, los minúsculos piececitos que desparecían por el orificio de mi sexo. Abandoné el lugar lamentando que la entrega hubiera sido tan literal. Ahora la siento palpitar dentro de mí como un pájaro asustado, o divertido.

Luis Arturo Ramos
No. 65, Junio-Julio 1974
Tomo X – Año XI
Pág. 629

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