Paisaje

La lluvia opacaba los minutos siguientes. Los árboles se movían con hastío. A lo lejos, por encima de las silenciosas montañas, la Luna trataba de ocultarse definitivamente. El Sol hacía un esfuerzo para no contemplar aquello. Por todas partes se esparcía la soledad. Las piedras enloquecidas cambiaron de lugar. Los ríos perdieron su cauce y olvidaron sus recuerdos de vida. Las flores desearon no haber brotado porque nada ni nadie respetó su belleza. El viento recorrió paulatinamente el paisaje como emisario de la tristeza, que se había sentado en un monte para observar su reino. Las ardillas y pájaros se habían ido…

No se escuchaba el rugir de leones y tigres, ni el ruido de hojas caídas al paso de liebres, víboras y zorras. Las voces de los hombres se apagaron por sus mismos gritos. Todo entró en la caverna del olvido. El silencio estaba dispuesto a no dejarse vencer ahora que había derrotado al escándalo. En el cielo permanecían las tonalidades rojas porque las azules se habían perdido…

Cuando cesó la lluvia y la luna logró su objetivo, aparecieron un niño y una niña buscando, entre los escombros del mundo, una muñeca de trapo y un carrito de madera.

Javier González Rubio I.
No. 65, Junio-Julio 1974
Tomo X – Año XI
Pág. 680

Adivinanza

ANA UJIT es bilingüe; tiene corazón cosmopolita y dientes agudos y acerados. Tiene doble personalidad: una de día, otra de noche. De día es andrajosa y pálida; de noche, una reina oriental. Todos y nadie la conocen porque todos hablan de ella. Algunos dicen que es muy prostituta; otros la conceptúan como la reencarnación de la honestidad, la pujanza y la inocencia; pero hay quienes afirman que tiene la gran virtud de ser hospitalaria, humana y generosa. Eso no lo dice todo. Basta con que usted la vea, la toque, la sienta y la muerda, para que entre al círculo de las opiniones.

Si al lector le Interesa esto (si no, no lo haga) deberá contar palabra por palabra de abajo hacia arriba a un cuarto de milla por minuto. (Tome en cuenta todo lo escrito). Cuando llegue a la palabra número ciento cincuenta y nueve, de seguro ahí encontrará la respuesta, todo es cuestión de orden y paciencia.

Pablo Santillán Ledesma
No. 65, Junio-Julio 1974
Tomo X – Año XI
Pág. 676

Historia de un polígamo perdido

Ya comenzaban a circular las participaciones matrimoniales cuando invitó a su novia a la feria donde se exhibían monstruosos y prodigios. Gustaron golosinas y rieron gracejadas; giraron en círculos y volaron como pájaros.

Su regocijo los llevó a la casa de los espejos, laberinto donde se multiplicaron en formas, colores y movimientos. Él, polígamo fatal de vocación, caminó espejos adentro, abrazando a todas las mujeres iguales a su prometida.

Aunque ella logró salir después de penosas tentativas, él quedó prisionero en un juego de azogue, perdido en un harén de imágenes lucífugas.

Roberto Bañuelas
No. 65, Junio-Julio 1974
Tomo X – Año XI
Pág. 673

Travesura

Hasta el último momento creyó que eran unos buenos para nada, que tomar a las letras era un juego inofensivo. Los miraba jugar plácidamente, como quien mira a unos niños construir castillos en la arena. Eran inútiles, pensaba, nada harían aparte de cantar y conjugar.

Pero mientras él zampaba el fruto de esta tierra y ordenaba, ellos con una sencilla y simple letra, con la primera que encontraron en el abecedario, usándola de pico cavaron una trampa.

Pusieron punto final al declive de su vida. Así, de tumbo en tumbo que iba dando, se halló sorprendido en esta tumba.

Elías Agustín Ramos Blancas
No. 65, Junio-Julio 1974
Tomo X – Año XI
Pág. 669