La última semana

El lunes, al estarse peinando, se encontró una cana. Hay tanta gente de cabeza plateada, pensó.

El martes, cuando se reía festejando un chiste, sintió como una finísima red de arrugas se extendía alrededor de sus ojos y la piel le ardió levemente.

El miércoles se agachó a recoger algo —una nota mental, un deseo arrugado—y le costó trabajo alcanzarlo. Además, se enderezó con dificultad.

El jueves, en una reunión, descubrió que los esposos de sus amigas sólo hablaban en esperanto y que sus niños estaban muy mal educados.

El viernes salió a dar la vuelta con un pretendiente pero se resfrió con las gotitas de agua en el parabrisas y se indigestó de tanto beso.

El sábado, hojeando un libro, se encontró una flor disecada que se hizo polvo entre sus dedos.

Ana F. Aguilar
No. 37, Julio-Agosto 1969
Tomo VI – Año IV
Pág. 528

El domingo murió de vieja.