El triunfo

1 ya no recordaba el motivo de su odio. Llevaba toda una eternidad persiguiendo a 2 por el laberinto de cristales. Era esa una tarea muy cruel: cuando pensaba que ahora si lo tenía a su alcance se topaba con una engañosa pared de vidrio y tenía que soportar las carcajadas de 2 agigantadas por el eco. Cuando lo atrapara lo iba a hacer pedacitos, poco a poco, hasta matarlo. Y un buen día 1 hizo correr a 2 a una celda que no tenía escapatoria. 2 casi se sintió contento cuando vio que 1 metía la mano a la bolsa del pantalón, la sacaba y la daga implacable brotaba de su puño como una víbora. Para 1 fue diferente: comprendió que el perseguir a 2 había extirpado todos sus ideales y al matarlo su vida ya no tendría razón de ser. Avanzó y cuando sólo lo separaban de 2 unos cuantos centímetros fingió toparse con una pared de vidrio. Pateó y golpeó al aire, se injurió a sí mismo y soportó con una mueca terrible las burlas de 2. Pero 2 se fue poniendo pálido al comprender que había caído en una trampa, que una cortina de cristal formaba un cuadrángulo perfecto y que había quedado encerrado por cuatro paredes. Ese fue el triunfo de 1, quien se pasó todo el resto de la eternidad gozando de la angustia de su enemigo.

José Joaquín Blanco
No. 37, Julio-Agosto 1969
Tomo VI – Año IV
Pág. 564

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Luis Enrique García

Luis Enrique García

Luis Enrique García

Nació en Hermosillo, Sonora en 1938. Proviene de una familia de maestros influenciado desde pequeño a la lectura principalmente por su padre.

Antes de entrar a la universidad (alrededor de los sesentas) empezó su afición por escribir: se juntaba con un grupo de amigos aficionados a la escritura para comentarse unos a otros, (sus primeros escritos fueron cuentos inspirado por autores rusos, franceses y mexicanos). Cinco años más tarde escribió sus primeros cuentos formales y logró publicarlos en periódico y revistas.

Cuando ingresó a la universidad se integró a un grupo de teatro, donde realmente comenzó su carrera, primero actuando y luego escribiendo sus primeros ensayos. Gracias a esto se le dio la oportunidad de entrar a la Licenciatura en Artes Escénicas en la Universidad Autónoma de Chihuahua. También comenzó la carrera en Letras (ya que el comenzó escribiendo) mas ésta “no lo convenció”… y se inclinó más por el arte teatral. Fue co-editor, junto con Alonso Vidal, de la revista literaria Bogavante.

Escritor y maestro universitario, ha comprometido gran parte de su vida profesional en el proceso de la enseñanza-aprendizaje, proceso que alcanza singular sentido cuando alguien se entrega por entero a una institución educativa. Ha dedicado la mayor parte de sus esfuerzos al desarrollo y consolidación del Departamento de Bellas Artes de la Universidad de Sonora.

Escritor de teatro, cuento y ensayo, Luis Enrique ha publicado en revistas literarias del país y cuenta con los siguientes títulos: Raza de Papel (UNISON, 1979), Ciudad Nocturna (UNISON, 1988) y Crónica de gente cercana (ISC, 1990), con el cual ganó el Concurso del Libro Sonorense. La Universidad de Sonora compiló en un solo tomo su obra narrativa con el título Raza nocturna y cercana. Las obras de teatro “Las cuerdas” y “La señal”. Compiló la Memoria teatral de la UNISON (1954-1984) aparecida en 1984. En el año 2000 publica en la misma universidad Diálogos para mirar, un libro que funciona como material didáctico para los alumnos de la licenciatura en teatro y al mismo tiempo es una invitación para representar dichos diálogos[1].

 


 

El sueño de la rata

Una noche soñó que era una rata. Una gran rata gris y hambrienta. Vagaba por los sótanos de las casas en busca de algo qué comer. Por fin encontró algo: Era un pedazo de pan duro sujeto a una ratonera. Se acercó hasta ella. Olió con su naricilla experta el pedazo de pan. Le dio un mordisco. ¡Zas!. El resorte de la ratonera funcionó y cayó sobre su cabeza la cuchilla. Entonces despertó. Con el tiempo suficiente para ver caer sobre él la pesada estatuilla de bronce que figuraba un bonito gato. La estatuilla le partió la cabeza. Él siguió soñando que era una rata gris y hambrienta.

Ricardo Fuentes Zapata
No. 37, Julio-Agosto 1969
Tomo VI – Año IV
Pág. 559