Lloros y risa

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El día de la boda la novia lloraba hasta el hipo, la madre lloraba de tristeza, el padre lloraba de rabia, las madrinas lloraban por solidaridad, y el novio reía rumbo a Hawai.

Beatriz Anguiano
No. 119-120, Julio-Diciembre 1991
Tomo XX – Año XXVIII
Pág. 288

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Diagnóstico

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Ella veía escarcha tras los vidrios, sombras bajo las alfombras, risas danzando en las cornisas, nidos en las manos de los niños… El diagnóstico fue soledad y astigmatismo.

Jennie Ostrosky
No. 119-120, Julio-Diciembre 1991
Tomo XX – Año XXVIII
Pág. 284

Instantes

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Si pudiera vivir nuevamente mi vida.

En la próxima trataría de cometer más errores.

No intentaría ser tan perfecto, me relajaría más.

Sería más tonto de lo que he sido, de hecho tomaría muy pocas cosas con seriedad.

Sería menos higiénico.

Correría más riesgos, haría más viajes, contemplaría más atardeceres, subiría más montañas, nadaría más ríos.

Iría a más lugares donde nunca he ido, comería más helados y menos habas, tendría más problemas reales y menos imaginarios.

Yo fui una de esas personas que vivió sensata y prolíficamente cada minuto de su vida; claro que tuve momentos de alegría.

Pero si pudiera volver atrás trataría de tener solamente buenos momentos.

Por si no lo saben, de eso está hecha la vida, sólo de momentos; no te pierdas el ahora.

Yo era uno de esos que nunca iban a ninguna parte sin un termómetro, una bolsa de agua caliente, un paraguas y un paracaídas; si pudiera volver a vivir, viajaría más liviano.

Si pudiera volver a vivir comenzaría a andar descalzo a principios de la primavera y seguiría así hasta concluir el otoño.

Daría más vueltas en calesita, contemplaría más amaneceres, y jugaría con más niños, si tuviera otra vez la vida por delante. Pero ya ven, tengo 85 años y sé que me estoy muriendo.

Jorge Luis Borges
No. 119-120, Julio-Diciembre 1991
Tomo XX – Año XXVIII
Pág. 280

Los amantes

Para Susana,
la memoria de mis cuentos.

Los amantes entraron en la alcoba. Con premura incipiente se despojaron de los estorbos que circundaban a sus cuerpos. Desnudos se contemplaron en silencio largamente, se tocaron, se olfatearon y se lamieron. Crecido su deleite, se adentraron uno en otro con el desbordado frenesí de unirse en uno solo. Y mientras afuera la tarde declinaba entre lejanas griterías y fragmentos de cristales rotos, los amantes hacían de ese momento el instante más excelso de su mortalidad. Algunos cuentan que después de aquella furtiva cita, los amantes van por el mundo cada cual por su vereda, en espera de que en un día no remoto, se vuelvan a encontrar, y así fundirse otra vez en uno solo.

Juan Carlos Chimal
No. 119-120, Julio-Diciembre 1991
Tomo XX – Año XXVIII
Pág. 281