La idea

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Fue a los catorce cuando el hombre caminaba por la alameda y encontró entre los arbustos una pequeña idea abandonada. Tomó a la diminuta entre sus dedos y sin saber qué hacer con ella la metió en su cabeza. Esa misma tarde llovió sobre él y a la mañana siguiente la idea había florecido. Al paso del tiempo la idea creció y se hizo fuerte; grande, persistente y un ramal de pequeñas ideas se cernió sobre la cabeza del hombre. Una enorme sombra acompañó su adolescencia y parte de su adultez. Pero la idea siguió creciendo hasta que resultó molesta. El hombre entonces, en medio de la neuralgia que lo acompañaba desde los quince, topó con un espejo y descubrió el álamo enorme que le pesaba como si fuera una gran idea de muchacho instruido.

Eduardo Osorio
No. 119-120, Julio-Diciembre 1991
Tomo XX – Año XXVIII
Pág. 335

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