Fastidio divino

119-120 top
A las cuatro y media de la tarde bajó Dios a recostarse en la inmensidad del océano. Sumido en la eufonía de reflexiones inalcanzables, jugaba a provocar altísimas marejadas al golpeteo de su divina mano sobre las aguas.

Eran las cuatro cuarenta y cinco cuando, fastidiado de tanta quietud, concibió la idea de una tormenta gigantesca. Los mares se desbordaron entonces cayendo con estrépito en el abismo que se encuentra más allá de los límites del mundo: un lugar muy plano y muy liso formado por millones de mosaicos blancos.

En punto de las cinco, viendo el estado lamentable en que había dejado el Universo, tomó una enorme toalla y concluyó su baño.

Dulce María González
No. 119-120, Julio-Diciembre 1991
Tomo XX – Año XXVIII
Pág. 357

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