La cita

Nerviosa entré al lugar de nuestra cita donde él estaba esperando. Me recostó con suavidad, e hizo conmigo lo que quiso, sin que pudiera articular palabra, sólo cerré los ojos y no puse resistencia, pues como siempre, él era dueño de la situación.
Cuando al fin terminó se veía cansado, pero satisfecho. Sonriendo nos despedimos.

Tardaré seis meses para volver al dentista.

Lilia Narváez
No. 119-120, Julio-Diciembre 1991
Tomo XX – Año XXVIII
Pág. 403

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