Hindú

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Gautama, que es un espíritu contemplativo, expresa así su primera iluminación:

De la ignorancia vienen los Sankharas.

De los Sankharas viene la conciencia.

De la conciencia viene el número y la forma.

Del número y forma vienen las seis provincias
.
De las seis provincias viene el contacto.

Del contacto viene la sensación.

De la sensación viene la sed.

De la sed viene el apego.

Del apego viene la existencia.

De la existencia viene el nacimiento.

Del nacimiento vienen la vejez, la muerte, la pena, los lamentos, el dolor, el abatimiento, la desesperación.

Henri Michaux
No. 32, Septiembre 1968
Tomo V – Año V
Pág. 804

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Contrapeso

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Sucede que, en ciertas asociaciones, conyugales o amistosas, que suponen la vida en común, el buen sentido de la pareja o de la yunta, queda en cierto modo indiviso y que el exceso de uno de los consortes provoca, a manera de contrapeso, un exceso contrario del otro consorte. Así, el exceso de piedad de la mujer puede llevar al marido al ateísmo; el uno se hace más negligente a medida que el otro, que era sólo ordenado, se hace más minucioso; el uno más avaro a medida que el otro más pródigo. Si el uno pone todo bajo llave, el otro, al contrario, deja todo tirado. Análogamente, vemos en las mandíbulas de los roedores que un diente del maxilar inferior se alarga cuando falta el diente correspondiente del maxilar superior.

André Gide
No. 32, Septiembre 1968
Tomo V – Año V
Pág. 799

La vida

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No era ni siquiera materia y no era espíritu. Era algo entre los dos, un fenómeno llevado por la materia, semejante al arco iris sobre la catarata, y semejante a la llama. Pero, aunque no sacase nada de la materia, era sensual hasta la voluptuosidad y hasta la repugnancia, el impudor de la naturaleza convertida en sensitiva y sensible a ella misma, era la forma impúdica del ser. Era una veleidad secreta y sensual en el frío casto del universo, una impureza íntimamente voluptuosa de nutrición y excreción, un soplo excretor de ácido carbónico y de sustancias nocivas de procedencia y de naturaleza desconocidas. Era la vegetación, el desarrollo y la proliferación de algo hinchado, hecho de agua, de albúmina, de sal y de grasas, que se llama carne y que se convierte en forma, imagen y belleza, pero que es el principio de la sensualidad y del deseo. Pues esta forma, esta belleza, no es llevada por el espíritu, como en las obras de la poesía y de la música; no es tampoco llevada por una sustancia neutra y espiritualmente absorbida, por una sustancia que encarne el espíritu de una manera inocente, como se manifiestan la forma y la belleza de las obras plásticas. Es, por el contrario, llevada y desarrollada por la sustancia que despierta, de una manera desconocida, a la voluptuosidad, por la misma materia orgánica que vive descomponiéndose, por la carne perfumada…

Thomas Mann
No. 32, Septiembre 1968
Tomo V – Año V
Pág. 795

Muda completa

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Me he dado cuenta hacia el mediodía de que mi mal humor de esta mañana, a pesar de una noche de sueño excelente, como no había conocido desde hacía tiempo, se debía también y sobre todo a que no estaba afeitado, a que mi cuello estaba sucio, a que tenía el traje todo arrugado después de dos noches de acostarme vestido, a que mis zapatos estaban sin lustrar, etc. Mi mirada, mi ánimo, no podían fijarse en sitio alguno que no les hiciera daño… una llamada por teléfono de Monthertant vino muy a punto, como un canto del gallo, para poner en fuga a los fantasmas crepusculares. He subido a lavarme, afeitarme y cambiarme de ropa interior, traje y pensamientos.

André Gide
No. 32, Septiembre 1968
Tomo V – Año V
Pág. 791