La oreja del suicidado

El muerto hurgó su corazón y lo sintió henchido de amor. Buscó ansiosamente alguien a quién amar. Alguien que lo amara. Movió a la derecha, a la izquierda sus fosas oculares y se le saltaron las lágrimas cuando sintió el beso de la hermosa muerta sobre sus labios.

Bertalicia Peralta
No. 62, Diciembre 1973 – Enero 1974
Tomo X – Año X
Pág. 298

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