El mono de la tinta

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“Este animal abunda en las regiones del norte y tiene cuatro o cinco pulgadas de largo; está dotado de un instinto curioso; los ojos son como cornalinas, y el pelo es negro azabache, sedoso y flexible, suave como una almohada. Es muy aficionado a la tinta china, y cuando las personas escriben, se sienta con una mano sobre la otra y las piernas cruzadas esperando que hayan concluido y se bebe el sobrante de la tinta. Después vuelve a sentarse en cuclillas, y se queda tranquilo.”

Wang Ta-Hai (1791) citado por Borges

No. 62, Diciembre 1973 – Enero 1974

Tomo X – Año X

Pág. 313

Wang Ta-Hai Citado por Borges

No. 88, Septiembre- Noviembre 1983

Tomo XIV – Año XIX

Pág. 22

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Vestir una sombra

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Lo más difícil es cercarla, conocer su límite allí donde se enlaza con la penumbra al borde de sí misma. Escogerla entre tantas otras, apartarla de la luz que toda sombra respira sigilosa, peligrosamente. Empezar entonces a vestirla como distraído, sin moverse demasiado, sin asustarla o disolverla: operación inicial donde la nada se agazapa en cada gesto. La ropa interior, el transparente corpiño, las medias que dibujan un ascenso sedoso hacia los muslos. Todo lo consentirá en su momentánea ignorancia, como si todavía creyera estar jugando con otra sombra, pero bruscamente se inquietará cuando la falda ciña su cintura y sienta los dedos que abotonan la blusa entre los senos, rozando la garganta que se alza hasta perderse en un oscuro surtidor. Rechazará el gesto de coronarla con la peluca de flotante pelo rubio (¡ese halo tembloroso rodeando un rostro inexistente!) y que habrá que apresurarse a dibujar la boca con la brasa del cigarrillo, deslizar sortijas y pulseras para darle esas manos con que resistirá inciertamente mientras los labios apenas nacidos murmuran el plañido inmemorial de quien despierta al mundo. Faltarán los ojos, que han de brotar de las lágrimas, la sombra por sí misma completándose para mejor luchar, para negarse. Inútilmente conmovedora cuando el mismo impulso que la vistió, la misma sed de verla asomar perfecta del confuso espacio, la envuelva en su juncal de caricias, comience a desnudarla, a descubrir por primera vez su forma que vanamente busca cobijarse tras manos y súplicas, cediendo lentamente a la caída entre un brillar de anillos que rasgan en el aire sus luciérnagas húmedas

Julio Cortázar
No. 62, Diciembre 1973 – Enero 1974
Tomo X – Año X
Pág. 311

Animales de los espejos

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En algún tomo de las Cartas edificantes y curiosas que aparecieron en París durante la primera mitad del siglo XVIII, el P. Zallinger, de la compañía de Jesús, proyectó un examen de las ilusiones y errores del vulgo de Cantón; en un censo preliminar anotó que el Pez era un ser fugitivo y resplandeciente que nadie había tocado, pero que muchos pretendían haber visto en el fondo de los espejos. El P. Zallinger murió en 1736 y el trabajo iniciado por su pluma quedó inconcluso; ciento cincuenta años después, Herbert Allen Giles tomó la tercera interrumpida.

Según Giles, la creencia del Pez es parte de un mito más amplio, que se refiere a la época legendaria del Emperador Amarillo.
En aquel tiempo, el mundo de los espejos y el mundo de los hombres no estaban, como ahora, incomunicados. Eran, además, muy diversos; no coincidían ni los seres ni los colores ni las formas. Ambos reinos, el especular y el humano, vivían en paz, se entraba y se salía por los espejos. Una noche, la gente del espejo invadió la tierra. Su fuerza era grande, pero al cabo de sangrientas batallas las artes mágicas de Emperador Amarillo prevalecieron. Éste rechazó a los invasores, los encarceló en los espejos y les impuso la tarea de repetir, como en una especie de sueño, todos los actos de las hombres. Los privó de su fuerza y de su figura y los redujo a meros reflejos serviles. Un día, sin embargo, sacudirán ese letargo mágico.

El primero que despertará será el Pez. En el fondo del espejo percibiremos una línea muy tenue y el color de esa línea será un color no parecido a ningún otro. Después irán despertando las otras formas. Gradualmente diferirán de nosotros, gradualmente no nos imitarán. Romperán las barreras de vidrio o de metal y esta vez no serán vencidas. Junto a las criaturas de los espejos combatirán las criaturas del agua.

En el Yunnan no se habla del Pez sino del Tigre del Espejo. Otros entienden que antes de la invasión oiremos desde el fondo de los espejos el rumor de las armas.

Jorge Luis Borges
No. 62, Diciembre 1973 – Enero 1974
Tomo X – Año X
Pág. 307

Jorge Luis Borges
No. 89, Enero-Febrero 1984
Tomo XIV – Año XIV
Pág. 143

Expectación

Era noticia de primera plana que Josué hubiera logrado derribar las murallas de Jericó a son de trompeta. Sin embargo, pasó a segundo término cuando Elías fue plagiado por un platillo volador que se lo llevó como rehén para canjearlo por cinco seres ultra espaciales que habían sido capturados en Sidón.

José Barrales V.
No. 62, Diciembre 1973 – Enero 1974
Tomo X – Año X
Pág. 303

César Navagómez

César Navagómez

César Navagómez

Mi nombre completo es  Grimaldo César Nava Gómez, pero firmo mis trabajos literarios como César Navagómez. Nací en un pueblito llamado Bellavista, en el Estado de Nayarit, México, el 26 de febrero de 1956.

Soy profesor normalista en educación primaria y cursé posteriormente una licenciatura en Educación Física y después una maestría en desarrollo motor, en la que aun no me titulo.

Laboro en la asignatura de Educación Física y me desempeño como coordinador, realizando tareas de supervisión a los docentes que trabajan la Educación Física en el nivel de secundarias, en la zona escolar 17, en Ecatepec de Morelos, México.

Incursioné una vez en el género del cuento, animado por mi hermana Queta Navagómez, y gracias a ella he conocido una parte de ese gran territorio. El trabajo hizo que me apartara por años de la actividad literaria, regresando a ella hace un año. Actualmente me encuentro en un taller de creación literaria que dirige mi hermana y que para mí es el primero.

Soy miembro de la Revista club La Pluma del ganso desde hace 1 año y en esa prestigiosa revista he tenido la gran oportunidad de publicar cuentos.

Con el cuento Manufactura, gané el concurso de cuento brevísimo de la revista El cuento, del maestro Edmundo Valadés, ( número 126, abril-junio de 1993)

Obtuve el primer lugar en el “Primer concurso de calaveras“, convocado por el Gobierno del Distrito Federal, en 1999.

Publiqué en la revista digital  “El humo”, en enero de 2012, el cuento – No me lo tomes a mal.

Publiqué en la revista de La Pluma del ganso, en febrero de 2012, el cuento Situaciones: 

Fui finalista del “Primer concurso de cuento breve” del Círculo  Ágora entre signos, 2012.con el cuento  Quehacer sabatino.

Publiqué en la revista La Pluma del ganso, en junio – julio 2012, los cuentos En el alto, La botella, Sobresalto y Barreras[1].


[1] Documento enviado por el mismo autor por e-mail