Zoología prodigiosa

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Viendo que las mariposas libaban en las flores del empapelado de su cuarto, que el gallo de latón de la veleta cantaba en su tejado todas las madrugadas, la joven se quitó los vestidos y, desnuda, esperó en el jardín.

Y al momento llegó el unicornio.

Héctor Sandro
No. 127, Enero – Junio 1994
Tomo XXIII – Año XXX
Pág. 13

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