Harnoy

127 top
Todos los habitantes de Harnoy piensan en voz alta y platican con las manos. En el parque central hay un quiosco que gira trescientos sesenta grados, cada sesenta minutos, donde un cuarteto de cuerdas toca romances y sonatas dos horas por la mañana, dos horas en la tardecita. Una vez por semana las mujeres escancian aceite de sábila y jojoba en el altar de Nuestra Señora de Euterpe; esta iglesia fue construida por un arquitecto que ahora se dedica a la reconstrucción de sueños y espejismos en Lasalada. Tocar el cuerpo de una mujer de Harnoy es escuchar la melodía de un instrumento musical: hay mujeres violoncello, flauta, piano, harpa, clavicordio, timbales, guitarra o saxofón, y si uno tiene la fortuna de acariciar a muchas a la vez, un podrá escuchar sinfonías completas, según… En Harnoy no existen aparatos eléctricos ni de gas: calentadores y estufas son sustituidos por el calor del encino y mezquite; radios, grabadoras y tocadiscos por la piel musical de las mujeres; lámparas y focos por la luz de la luna y el sol; la realidad suple al cine y la televisión. Se dice que los zenzontles vienen a Harnoy para aprender nuevas melodías y llevarlas a toda la península. Cuando uno ya ha partido de Harnay sabe que nunca podrá olvidar a las mujeres de Harnay, las que piensan en voz alta y platican con las manos.

Roberto Castillo Udiarte
No. 127, Enero – Junio 1994
Tomo XXIII – Año XXX
Pág. 27

Anuncios

Opina

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s