Desafío

La mujer aquella que iba sentada frente a mí se levantó con aires de princesa y con un meneo exagerado avanzó hacia las puertas de vagón. Cuando éstas se abrieron, taconeó por el andén acompañada de todas las miradas y mi envidia más rastrera.

Lo primero que hice al llegar a mi departamento, fue pararme frente al espejo y entender porqué yo pasaba inadvertida: ropa de mal gusto, abdomen abultado, llantitas indiscretas, busto fláccido… en fin, un balance nada favorable.

Me dio lástima mi cuerpo maltratado; a manera de restitución le prometí que, sin importar sacrificios, dentro de dos meses las miradas de todos los hombres resbalarían sobre él.

Me inscribí en los aeróbicos, al ritmo de la música pegué de brincos, pujé, sudé, como caballo y fortalecí los músculos abdominales hasta que el plazo de cumplió.

Hoy es el día… Mi cabellera, negra y ondulada, cae sobre la espalda, el maquillaje es impecable, las zapatillas moldean y alargan mis bronceadas piernas y un hermoso medallón me adorna el pecho.

Decidida, abro la puerta y salgo al pasillo taconeando con ritmo, procuro dar a las caderas un movimiento basculado e incitante y logro los primeros resultados; la del ocho se queda boquiabierta. El portero me mira incrédulo mientras salgo para recibir el sol de media tarde. Siento sobre mi cuerpo miradas codiciosas y me envanezco. No he llegado a la esquina cuando escucho el chirriar de los frenos y el golpe: de seguro dos tontos que el mirarme olvidaron que iban conduciendo.

Es increíble lo que puede lograr una mujer desnuda a media calle.

Queta Navagómez
No. 127, Enero – Junio 1994
Tomo XXIII – Año XXX
Pág. 44

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La pose

“¡A ver, levante la cara y mire para acá!; sonría un poco, no esté tan serio, hombre… eso es…así… my bien… no se mueva… ahora sí: pelotón… ¡Fuegooo!

Ricardo Fuentes Zapata
No. 127, Enero – Junio 1994
Tomo XXIII – Año XXX
Pág. 41

Tester Azo

127 top
Tester Azo es un lugar habitado por once familias de enanos que se alimentan exclusivamente de fuego y que viven dentro de unos árboles llamados kabas. Entre los pobladores conviven pacíficamente unos lagartos enormes de tres metros de largo, visibles únicamente a los ojos de los enanos. Felli P., el más viejo de los enanos, cuenta que los habitantes se dedican a esculpir unas raíces que emergen de la tierra únicamente cuando ocurre un terremoto y que, a estas raíces, dan figuras que posteriormente adoptan como divinidades. Además nos cuenta que en Tester Azo vivió hace muchísimas lunas un hombre llamado Hisherino, el cual gustaba de curar a los ciegos y caminar quince centímetros sobre el suelo y que cierto día, cuando llegó una caravana de payasos, magos, saltimbanquis y trapecistas, se enamoró de una contorsionista con la cual recorrió el mundo. Felli P. nos dice que Hisherino está citado en varios libros antiguos de historia de las religiones y que, además, desapareció misteriosamente un día de eclipse solar.

Roberto Castillo Udiarte
No. 127, Enero – Junio 1994
Tomo XXIII – Año XXX
Pág. 32