Salón de belleza

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El peinado debe lucir por sobre otras cosas. Lo primero que miran es eso. Después vendrá el vestuario, el caminar, la galantería. Te lavamos bien, con champú y enjuague, luego los rollitos y el secador. ¡Pero no te muevas tanto que no dejas ponerte bien los ganchos! Ahora sí, tranquila. Quédate ahí hasta que te seques. Yo te aviso, no te preocupes. Mira que esta noche está la fiesta, el desfile, y la copa que tenemos que ganar. En seguida los brindis y a buscarte novio. Habrá de todo tipo, para que escojas el que quieras. Claro, acorde con tu categoría y de tu tamaño; acuérdate que eres chiquita. Bueno, contigo no hay mucho problema por eso. Cada vez que conoces uno mayor que tú, sales corriendo buscando mi ayuda. Ah, pero no se te puede acercar uno que te guste porque de una vez comienzas a coquetear. Siempre hay que estar pendiente de ti; si nos descuidamos Albertico y yo, te ponen una barriga, ¡¿Ja, que no?! No te pongas brava, no soy ninguna vulgar por decirte eso. Tu sabes que eres así desde pequeña, siempre quieres tener un novio que te esté sacando a pasear todas las noches, que te cante y corra detrás de ti por esas avenidas hasta que cansados se acuesten en alguna grama y entonces te acaricie el pelo… ¡que ya debe estar seco! Ahora te quitamos los rollitos y te pasamos el cepillo. Quédate quieta que no te estoy dando duro. Así, ¡Ese pelo tuyo, siempre sublevado! Uno le pasa diez veces el cepillo y nada. ¡Se enrosca, se enrosca, se vuelve a enredar! ¡¿y cómo quieres ganar esta noche?! Con esos cabellos no llegamos a ningún lado. Las demás con sus pelos lisos, sueltos, al aire, y tú con esas orejitas todas encrespadas. A lo mejor tu caminar nos salva… o tu gracia. ¡Cónchale!… pero ese pelo, ¡qué desgracia!… Por eso le dije a mamita desde un principio que me comprara un pequinés y no un puddle.

Víctor Guádez García
No. 127, Enero – Junio 1994
Tomo XXIII – Año XXX
Pág. 5

Susana Avitia Ponce de León

Susana Avitia Ponce de León

Susana Avitia Ponce de León

Originaria de Cd. Guerrero,  Chihuahua, combina su profesión:  la medicina, con su oficio: la literatura. Textos suyos han aparecido publicados en diversos  periódicos y revistas locales y nacionales. Fue incluida en Químicamente puras, memoria del primer encuentro estatal de mujeres poetas y en Campos ignotos, antología del taller literario Pablo Ochoa, del cual también fue compiladora. Individualmente tiene:  Placer prohibido, minicuaderno de cuentos 1995, Simulacros plaquete de poesía, 1996, Un sueño compacto, plaquete de cuento 1998, Paredes del Insomnio, libro de poesía 2002, y Angela , libro de cuentos publicado por la UACH  en 2006.

 

Currículo Literario

Médico especialista en Medicina de Rehabilitación. Coordinadora de la Licenciatura en Terapia física y Rehabilitación de la Facultad de Medicina de UACH

Miembro del Taller Literario Pablo Ochoa de 1992 a 1997

Asistente al VI curso para escritores de la frontera norte de la Sociedad general de escritores de México . 1992

Asistente al curso para Coordinadores de talleres literarios del Instituto Chihuahuense de Cultura 1998-1999

Mención honorífica en el Premio Chihuahua 1998 con el libro de cuentos “Cosas del Destino”

Miembro de la mesa de redacción de la Colección Solar del Instituto Chihuahuense de Cultura . 1998-2002

Miembro del Consejo editorial de la Revista Solar del Instituto Chihuahuense de Cultura.1998-2005

Publicaciones:

Simulacros ( Poesía) Ed. Azar 1997

Químicamente Puras, antología del Primer encuentro de mujeres poetas en Chihuahua. Onomatopeya Produchons 1997

Un sueño compacto ( Cuento ) Colección Flor de Arena . UACH 1998

Campos Ignotos (Poesía y Cuento) Antología del Taller Literario Pablo Ochoa, Colección Solar , ICHICULT 1999. Compilador

Paredes del Insomnio ( Poesía) Colección Solar, ICHICULT , 2000

Ángela ( Cuento) Colección flor de Arena UACH 2006[1]


[1] Enviado por e-mail por la propia Dra. Susana Avitia.

Retrato

Era la última sesión. Sentada frente al caballete me moría por acariciar su barba blanca. Sus pinceladas trazaban en el lienzo mis deseos. De pronto entró un hombre, se acercó al maestro con suave andar y después de una breve charla se despidió rozándole la mejilla con sus labios.

La sonrisa se me congeló. Leonardo la captó así como una mueca amarga que opacó mi retrato.

Susana Avitia Ponce de León
No. 127, Enero – Junio 1994
Tomo XXIII – Año XXX
Pág. 45