Justicia divina

Lo expulsaron del cielo. Descendió a la tierra vertiginosamente, pues sus alas eran ya inútiles. Abatido, el Ángel intentó caminar por la calle, pero el cúmulo de plumas en su espalda se lo impedía. Horrorizado por esa pesadilla deseó el reposo, se tendió en la acera y cerró los ojos. Al dormir, una sonrisa bajó a sus labios. En sueños vio a Dios y así obtuvo de nuevo el paraíso.

Norberto Morales P.
No. 127, Enero – Junio 1994
Tomo XXIII – Año XXX
Pág. 66

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