Dama contradictoria

La Duquesa del Alba murió al amanecer.

Josefina Helguera
No. 127, Enero – Junio 1994
Tomo XXIII – Año XXX
Pág. 102

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Historia castrense

127 top
Si les hubiera ordenado saltar por la ventana, lo que habrían hecho casi con alegría, porque confiaban en él ciegamente.

Hasta que un día les ordenó que saltaran por la ventana, y entonces despertaron todos, porque un hombre que decide cosas semejantes no es de fiar.

Pere Calder
No. 127, Enero – Junio 1994
Tomo XXIII – Año XXX
Pág. 100

…de Susana Avítia Ponce de León

Conocí la revista el Cuento en 1985, entonces estaba realizando el primer año de la residencia de mi especialidad en el DF. y en mis poquísimos ratos libres intentaba escribir poesía. El cuento ocupó todos mis ratos libres y puntualmente buscaba la revista cada mes en el puesto de periódicos. La sección de Correo del Lector se convirtió en mi taller literario. Tres años después regrese a la Cd de Chihuahua y con tristeza me di cuenta que la revista no llegaba a la ciudad, por lo que me suscribí a ella y la empecé a recibir por correo postal, generalmente con algunas semanas de retraso pero llegaba. Mandé mi primera minificción al correo del lector con la esperanza de recibir los comentarios que me dieran la pauta para seguir con el género , y cual será mi sorpresa cuando a vuelta de correo me avisan que sería publicada en la siguiente revista. Entonces tengo el honor de decir que mi primera publicación fue en la revista El cuento. En alguna de tantas revistas del cuento que leí me encontré con esta definición ” El cuento es la más grande mentira contada de tal manera que parece verdad” a mí me funcionó al revés, para mí “el cuento es la más grande verdad contada de tal manera que parece mentira”

 Gracias por rescatar la revista el cuento, me he vuelto asidua lectora del blog, y ojala en algún momento se pueda crear una sección de nuevas publicaciones de El Cuento.

Dra. Susana Avitia Ponce de León??????????
Medicina de Rehabilitación[1]


[1] Por correo electrónico

Interferencia voraz

Siento tu presencia constante hasta obligarme a dar la cara. Quiero verte con indiferencia pero me lo impide tu frialdad, el olor ácido que despide tu aliento por esa boca grande que a veces me sobresalta. Estoy consciente de ti, porque invariablemente te interpones en mi camino.

Nuestros encuentros son tan frecuentes que se convierten en un reto por tu prolongado silencio que me altera y no me deja concentrar.

Esa mueca, dura, fría, desdeñosa me persigue hasta en sueños. Me indignas y lo sabes, porque te encuentro a mi espalda, a un lado, a veces es tal tu cinismo que estás provocativamente al frente.

Me pregunto si eres igual con los hombres de negocios, con las secretarias bilingües o solamente conmigo, tratando de poner a flote mi debilidad; de cualquier forma me inquietas.

Mi brazo se tensa, mi mano cobra voluntad propia y con brusco movimiento veo cómo estruja con rabia la hoja de papel que tengo al frente. Observo como se va convirtiendo la pelotita, cuyas letras buscan salida, piden auxilio. La aprieto con fuerza para que entre justo en el centro de tu boca voraz, bote de basura.

Esther Vázquez-Ramos
No. 127, Enero – Junio 1994
Tomo XXIII – Año XXX
Pág. 97