Tiakun

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Tiakun es una ciudad a imagen y semejanza de los recuerdos y los deseos que han tenido y tienen dos tipos de habitantes: los diurnos y los nocturnos. Es por esto que los visitantes tardan meses, a veces años, en adquirir la capacidad para distinguir cuando están sobre una calle falsa y cuándo sobre una verdadera. Algunos forasteros han pasado el resto de sus días sin poder distinguir cuál es la ciudad real y cuál la ilusoria, y por eso se les ve caminar generalmente deslumbrados sobre las calles de plástico mientras unas cebras mastican su condición de irrealidad.

Se han dado casos en que algunos visitantes, al pisar entre dos espejos encontrados, han perdido su identidad al ser multiplicados infinitamente por los espejos y aún se les puede ver tratando de reconocer cuál de las imágenes corresponde a la realidad.

Dentro de la ciudad existe una zona habitada por caballos que no dudan de su realidad, perros que persiguen incansablemente a una liebre que habita sólo en sus pupilas, automóviles que buscan un lugar para descansar, salones de baile donde la música brota de las paredes, tiendas de ropa atendidas por maniquíes y prostitutas que son estacionómetros, comerciantes gordinflones que tallan sus uñas en las paredes y bancos llenos de basura.

Al este de Tiakun se encuentran los restos de una construcción oriental de tritones y sirenas que han perdido la nariz y la memoria. Al centro de esta zona se eleva el minarete, torre incendiada durante un saqueo por los nórdicos hace muchos años, y este minarete es la única construcción real para los habitantes diurnos y nocturnos.

Roberto Castillo Udiarte
No. 127, Enero – Junio 1994
Tomo XXIII – Año XXX
Pág. 119

A lo Cortazar

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para Alí Chumacero

Tomar el tenedor y comenzar a batir el huevo, con la monotonía manual, casi mecánica, de mover el cubierto en la sustancia gelatinosa… y darse cuenta de pronto de que no habrá huevo batido, porque la clara y la yema no sólo no se han revuelto sino que han escapado del tenedor, y en el plato hay un pollito piando.

Judith Solís Téllez
No. 127, Enero – Junio 1994
Tomo XXIII – Año XXX
Pág. 115

Juan Romagnoli

Juan Romagnoli

Juan Romagnoli

Nació en la ciudad de La Plata, Buenos Aires, Argentina, en 1962. Pero al mes ya estaba en La Puntilla, Mendoza, donde se crió y vivió durante su adolescencia. Desde los 17 años, vive en la Ciudad de Buenos Aires. Entusiasta investigador e impulsor de la Onirología. Ha cultivado sobre todo el género del cuento y del microrrelato. Algunos de sus micros han sido publicados en la revista mexicana “El cuento” e incluídos en antologías como “Dos veces bueno 3“, “De mil amores“, Antología de microrrelatos amorosos y “4 voces de la microficción argentina“, de Raúl Brasca; “Ciempiés“. “Los microrrelatos de Quimera” (Montesinos, Barcelona, 2006), Neus Rotger y Fernando Valls; “Microrrelatos en el mundo hispanoparlante” (2006), de Silvia Patricia Israilev; y en “El límite de la palabra“. Antología del microrrelato argentino contemporáneo (Menoscuarto, Palencia, 2007), de Laura Pollastri. Ha reunido sus microficciones en “Universos Ínfimos” (Tres Fronteras ediciones, Murcia, 2009), reeditado por Macedonia (Buenos Aires, 2011). “#ElSueñodelaMariposa” (Macedonia, Buenos Aires, 2013) reúne tres años de minificciones en su cuenta de twitter @jromagnoli[1].

Historia

Sean dos individuos: Pedro y Daniel. Ambos jóvenes y emprendedores. A Pedro le apasionan los barcos. A Daniel los niños, la familia.

Ha pasado el tiempo. No sin sacrificios, han satisfecho sus deseos. Sin embargo, comienzan a sentir otros llamados, otras carencias.

Se conocen de muy ancianos. Al comentar sus vidas les nace una mutua curiosidad: Pedro pregunta a Daniel, Daniel pregunta a Pedro. Ávidos por escucharse, ninguno habla.

Mueren en silencio.

Juan Romagnoli
No. 127, Enero – Junio 1994
Tomo XXIII – Año XXX
Pág. 114