Andante appassionato

“Eres el cielo esplendente de mi dicha”, expresó, exaltado, por encima de la sonoridad ondulante de la orquesta. Luego, sin poder resistir más la necesidad de tenerla entre sus brazos, para llegar hasta el balcón, donde ella lo esperaba, el tenor ascendió sobre la escala que, en ese momento, él mismo cantaba.

Roberto Bañuelas
No. 51, Enero – Febrero 1972
Tomo VIII – Año VIII
Pág. 630

Roberto Bañuelas
No. 118, Abril-Junio 1991
Tomo XX – Año XXVIII
Pág. 161

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