Luna de la maldición

Me estoy muriendo. La vida se me escapa en chorros escarlatas que no puedo contener. Igual que los demás… Me descuidé. La horrorosa visión me conmovió de tal manera que olvidé la prudencia. Debe haber visto mi sombra…, o quizás hice algún ruido. Ahora está a salvo. Yo era el único que sospechaba de él. Nadie lo creería. Parecía uno de tantos, a pesar de su reserva y de sus costumbres algo raras. Yo fui el único que recordó que él conocía a todas las víctimas. Y todas las muertes habían ocurrido en noches de luna nueva. Y las heridas… ¡Solo uno de ellos podía causar esas heridas! Pensé en las viejas leyendas… y me dediqué a vigilarlo de cerca. Y ahora confirmo mis sospechas. Pero me muero, y ya nadie lo sabrá. Aún lo distingo, aunque cada vez con menos claridad, erguido frente a mí sobre sus dos patas blancas… su repulsiva desnudez sin pelo, y su hierro tronador humeante todavía. Y ríe… ríe, con la espantosa risa roma de los lobos-hombres.

Carlos María Federici
No. 51, Enero – Febrero 1972
Tomo VIII – Año VIII
Pág. 676

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Loco

Todos actuamos durante las 24 horas del día aun cuando no haya conciencia, estoy perfectamente convencido de esas y otras cualidades y defectos del ser humano, HUMANO, HUMANO, ese soy yo

1 2 3 4, 7 7 7 G. de Anda V. 1971 porqué 1971

Por qué esta época y no otra —parece decir con su expresión fuera de sí—
¡estoy loco!, ¡estoy loco!… NO. Sólo estoy probando la nueva pluma que acabo de comprar en Gigante.

Gonzalo de Anda Vizcarra
No. 51, Enero – Febrero 1972
Tomo VIII – Año VIII
Pág. 674

Regreso

—Me da gusto verte —dijo sin mirarla. He soñado tanto en este momento, que ya nada tengo qué decir.

—Momento soñado.

—Soy un poco como aquel guerrillero terrorista de Andreiev, ¿recuerdas?

—¿Y yo una… también un poco?

—Nunca comprendiste del todo mi lucha.

—¿Desertaste?

—No me dieron tiempo.

—Y… ¿tu amor?

—Debo haberlo perdido por ahí, ¿te hace falta?

—Ya no.

Con un convulso, torpe abrazo, los ojos acuosos y en silencio, reanudaron el idilio después de seis lustros de no verse.

F. Manrique
No. 51, Enero – Febrero 1972
Tomo VIII – Año VIII
Pág. 667