Partida

Tenía su maleta ya al lado de la puerta, pero unos pasos antes, un segundo, no más, antes de ir a tomarla escuchó el viento afuera y pensó que más tarde.
El jueves de mañana se despertó temprano, pero apenas llegó hasta las escaleras sintió el aroma tibio de las medialunas frescas y no pudo partir.
Luego el viernes, quién sabe por qué magia o qué condena, Luisa enceró la entrada y Luis miró de lejos su maleta repleta contra el brillo prohibido.
El lunes granizó, fuerte y desde temprano. Luis miró hacia la calle y pesó que otra vez, que unos meses más tarde, que quizás otro día. Retrocedió a un rincón y pensó que era un signo. Y decidió quedarse.

Teresa Gottlieb
No. 98, Mayo – Junio 1986
Tomo XV – Año XXII
Pág. 369

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