Final verdadero de la historia de Caperucita Roja y el Lobo

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Continuó Caperucita Roja su serie de preguntas:

—¿Por qué tienes esa lengua tan grandota?

—¡Para lamerte mejor! —exclamó entusiasmado el Lobo.

Enseguida éste condujo a Caperucita —que en este instante había logrado lo que un poco más que adolescente requiere en casos similares: redondeces, oh, senos, ha, es decir, redondeces y redondeces que humm, humm— para que asumiera las habilidades del espiral, del caleidoscopio, del remolino, del tobogán, hasta llegar a la preciosísima reservada a los privilegiados de la vida.

Al término de la serie mencionada, Caperucita, con toda libertad y desenfado, le confesó al extenuado Lobo:

—No debería decirlo pero este final, que algunos desaprobarían, me satisface más. ¡Por mi abuelita que me satisface más!

Miguel Covarrubias
No. 98, Mayo – Junio 1986
Tomo XV – Año XXII
Pág. 378

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