El traje

63 top
Rápida fue la preparación del traje flotante impermeable isotérmico impenetrable acolchado elástico autorreproductivo que podía sustituir a los demás trajes y si uno lo piensa bien, asimismo a las casitas apartamentos palacios o chalets que tan prolíficos son en documentos de propiedad, cuotas, derechos de frente y etcétera etcétera. En las microfisuras de este traje que cambia constantemente de colores y de formas, puede desarrollarse y de hecho se desarrolla inevitablemente un pulular de algas microscópicas que es lo que permite aprovechar la luz del sol y el calor del cuerpo para el equilibrio térmico la limpieza de desechos la nocturna luminosidad regulable y además produce buenos bocados de proteína carbohidratos sales minerales vinosos licores compuestos químicos todo según el temperamento y el capricho del poseedor.

Por lo tanto, bandas de adolescentes que flotan a la deriva en espumosos mares y no regresan cuando los llaman papá y mamá, cuando los llama nadie, porque papá o mamá o nadie también para ir en su persecución pueden ponerse el traje y caminar satisfechos e indemnes por vidrieras polares o ardientes desiertos o lamentables bosques de olivares o cristalinos rápidos o crujientes selvas y olvidarse de regresar a casita a casita al trabajo a la cárcel a palacio a tantos sitios que tan buenos son pero a y los trajes triunfantes los besos rápidos y el anudar y desanudar errantes vidas en esta ahora tachonada de adioses intemperie.

Luis Britto García
No. 63, Febrero-Marzo 1974
Tomo X – Año IX
Pág. 379

Anuncios

El mago melancólico

En el reloj, las once. Cuatro águilas reales desde sus postes observan la niebla, los filtros hierven gorgoteando.

Una a una, el mago arranca las hierbas del planeta. Deseando encontrar lo increíble hurga entre el polvo y telarañas. Camina por plazas y calles desplazando su antiguo castillo de ideales.

El mago melancólico teje esperanzas vanas. Corre despacio el agua de la vida y cuenta con cristales redondos los días y sus historias.

Hasta ayer le llamaban tiempo, y las personas se asomaban al balcón para dejarlo pasar.

Magdalena Sofía
No. 63, Febrero-Marzo 1974
Tomo X – Año IX
Pág. 376

Lavado

Cada noche, cuando me lavo las manos si lo hago con agua tibia (con agua fría nunca sucede), mis dedos escapan uno por uno, y se ponen a nadar en el lavabo y remontan la corriente de la llave, cual pequeños y morenos salmones. Al ver esto me desespero, y trato de atraparlos, siempre con infinitos e infructuosos esfuerzos pues no tengo dedos (todos están nadando) con que retenerlos: después lloro, y al oírlo mi madre entra y jalándome una oreja, me dice: “Oye bien esto, loco, si vuelves a sacar de su estanque los peces de tu tía y los enjabonas y te los quieres poner en los dedos, no te dejaré salir de tu cuarto en un mes”.

Armando Carrillo
No. 63, Febrero-Marzo 1974
Tomo X – Año IX
Pág. 375

Artes posibles

63 top

 

 

Máquina maravillosa para hacer el arte, no esas tonterías debiluchas que llaman hoy arte, que apelan por separado a la vista, al oído, a otros sentidos o cosas así. El espectador es introducido en un tubo en donde lo aturden fogonazos, caleidoscopios, estroboscopios (vista), berridos, estampidos, cataplunes y zuáquitis (oído), bocanadas de sulfuro de carbono, pachulí, catinga (olfato), chorros de aceite de ricino y todas esas cosas químicas que tienen sabor sui géneris (gusto), pinchazos, raspaduras, cosquillas, mordeduras (tacto), heladuras, quemaduras, (sentido de la temperatura), sacudidas eléctricas, vergajazos (sentido del dolor), cambios de sitio, caídas libres, aceleraciones, desaceleraciones, giros en hélice, en tirabuzón y en rizo (sentido de la posición), constricciones, torsiones (sentido de la posición corporal relativa), violaciones (percepción sexual), penetraciones, introducciones de espéculos, insuflaciones, inyecciones de hormonas y vasodilatadores (percepción interna de los procesos orgánicos), choques inductores de entremezclamiento y confusión de sensaciones (percepción cinestésica), inyecciones de drogas (percepción delirante), y como luego de experimentada en su totalidad la experiencia artística ya para que vivir, el espectador es atacado en su instinto de conservación, fibra a fibra deshilachado, macerado, masticado y digerido. Como sucede con toda nueva forma de arte, en la que proponemos los espectadores, al principio, serán escasos.

Luis Britto García

No. 63, Febrero-Marzo 1974
Tomo X – Año IX
Pág. 373