El mal de Hafsa

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Tu cuerpo adolece y se consume. Pero la demacración que descama tu rostro y afila tus facciones macilentes, te hace aún más deseable. Por tus ojos asoma, en negras relumbres, el fuego que corroe tus entrañas.

El agua hierve al contacto de tu carne siempre enfebrecida. Al amanecer, cuando deshielas con tu cuerpo desnudo la escarchada superficie del estanque, un denso vapor de fiebre aureola y vela tus pudores.

El agua de las termas es menos abrasadora que la linfa en que sumerges tus entrañas de fuego.

Abz-ul-agrib
No. 63, Febrero-Marzo 1974
Tomo X – Año IX
Pág. 403

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