Los globos

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Con sus blancos vestidos de piqué bordado en punto de cruz; con sus zapatos nuevos, con sus caras gordas de muñecas obedientes y con sus cuatro y cinco años apenas, estaban sentadas en la escalera del edificio esperando a sus padres, a sus nanas y a la vida.

Inocentes, sostenían unos grandes globos azules como el cielo.

Su presencia paralizaba el domingo. Eran tan frescas, tan reales que abolían la idea de la muerte.

Parecía que iban a soportar millares de domingos en la misma postura, con los mismos trajes, felices, colgadas de sus globos azules. Cielos irrompibles y eternos.

Pasó aquel domingo y por las noches sus globos marchitos perdieron para ellas su potencia de eternidad.

Guadalupe Amor
No. 63, Febrero-Marzo 1974
Tomo X – Año IX
Pág. 432

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