La vaca

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Mi abuelo tenía una vaca que se alimentaba de morocotas. Un día la vaca amaneció muerta a la orilla del río y los zamuros se la comieron. Mi abuelo agarró la escopeta y se pasó el resto de su vida cazando zamuros.

Ednodio Quintero
No. 52, Abril 1972
Tomo VIII – Año VIII
Pág. 754

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La carretera que hizo el diablo

Ha sido una noticia muy comentada.

La radio.

La prensa.

La TV.

Se habló en todos lados.

Sólo la dependencia del ramo se concretó a tomar conocimiento del asunto y guardar silencio.

Y es que el enviado especial que anduvo recorriendo los pueblos que toca, habló con la gente de esos lugares y todos coincidieron en que esa carretera la hizo el diablo en tres noches.

A iniciativa de la prensa se formó una comisión integrada por dos ingenieros especializados en vías terrestres y un notario público.
Los ingenieros se negaron a aceptar la versión de “la mano del diablo” en esto.

En su informe se habló desde la localización hasta el riego de sello, y todo, lo mismo los acotamientos, que la sobre elevación, que las terracerías fueron hechas por alguien que domina plenamente la materia, y no es posible aceptar que los treinta y un km. de que consta, pudieron haber sido construidos en tres noches.

El notario, por aquello de las dudas cumplió con el acta testimonial y se fue a misa.

Con este motivo han surgido encendidas polémicas de las derechas y las izquierdas.

Los unos aceptando la versión en reservas, los otros riendo a carcajadas.

Pero verdad o mentira, lo cierto es que ahí está, palpable, serpenteando por las montañas como única y sólida respuesta, la carretera.

Un solo detalle que parece haber pasado inadvertido figura en el testimonio del notario, y es que la susodicha carretera parte de unos plantíos de banana, y termina en un muellecito sin nombre desde el que se ven varios barcos de matrícula extranjera.

Gustavo Meza
No. 52, Abril 1972
Tomo VIII – Año VIII
Pág. 753

El espejo

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Un hombre horroroso entra y se mira en el espejo.

—¿Por qué os miráis en el espejo, si no podéis veros en él más que con disgusto?

El hombre horroroso me responde: ”Caballero, según los inmortales principios del 89, todos los hombres son iguales en derechos; de modo que tengo derecho a mirarme; con gusto o con disgusto es cosa que sólo atañe a mi conciencia”.

En nombre del sentido común, tenía yo razón indudablemente; pero desde el punto de vista de la ley, no estaba él equivocado.

Charles Baudelaire
No. 52, Abril 1972
Tomo VIII – Año VIII
Pág. 751

Fábula de las ilusiones

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Era un país tan pobre y atrasado que para subsistir medianamente tuvo que recurrir a la exportación de los únicos productos que poseía: ilusiones y esperanzas. Al principio todo el mundo hizo fuertes pedidos. Los habitantes de los distintos países deseaban obtener ilusiones y esperanzas importadas (el colmo de la moda y el esnobismo), creyendo que tendrían mejores resultados que con las de manufactura nacional. Gracias a tal situación, la economía del país pobre mejoró notablemente y sus ciudadanos conocieron mejores formas de vida. Pero llegó el momento en que ya nadie deseaba vivir de ilusiones o de esperanzas aunque fuesen extranjeras; ahora querían realidades a cualquier precio, provinieran de donde provinieran. Creció la demanda de realidades y, consecuentemente, disminuyó la de ilusiones y esperanzas, hasta que de plano desaparecieron las compras de tales mercancías. El país perdió su fuente de ingresos y volvió a su antiguo atraso, a su acostumbrada miseria. Sus habitantes entristecidos, sin dinero para adquirir realidades, consumieron sus propios productos; al momento viven de milagro.

Pobres: deberían hacer una revolución, es su única esperanza.

René Avilés Fabila
No. 52, Abril 1972
Tomo VIII – Año VIII
Pág. 750