Tatuaje

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Cuando su prometido regresó del mar se casaron. Él había aprendido el arte del tatuaje y alguna otra cosa. Dibujó con sumo cuidado —en el vientre de ella— un hermoso puñal. El hombre murió una tarde y ella pasó muchos días nadando en lágrimas. El otro comenzó a rondarla. Tanto insistió que al fin ella cedió. Nunca se supo explicar cómo el hombre desnudo se le quedó muerto encima, atravesado por el puñal.

Ednodio Quintero
No. 52, Abril 1972
Tomo VIII – Año VIII
Pág. 756

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