Hipótesis

La gripe es una enfermedad peligrosa.

Yo conocí una niña en nochebuena, quien soportó la enfermedad sin quejarse.

Le subió la fiebre hasta más allá de lo inconmesurable.

Ardió su cuerpo, su ropa, la cama, la recámara, la casa, una manzana entera, su barrio, la ciudad…

Las llamas se extendieron a todo el universo que entonces comenzó a formarse como le conocemos hoy.

Leopoldo Borrás
No. 52, Abril 1972
Tomo VIII – Año VIII
Pág. 773

Leopoldo Borrás

Leopoldo Borrás

Leopoldo Borrás

Nació en Comitán, Chiapas (1941). Estudio periodismo en la UNAM, donde ha sido profesor desde 1972 y funcionario del área de prensa Asistió a un curso de especialización en el Instituto Yugoslavo de Periodismo (1961-63). Ha sido colaborador de El Diario de la Nación (1969), Novedades y Diario de la Tarde (1961-69), reportero de Notimex XEB, Televisa y el Canal Trece. Participó en la fundación de las revistas Ciencia y Desarrollo, Comunidad CONACYT. Colabora en diversas publicaciones de la capital y la provincia entre otras El Gallo Ilustrado, México en la Cultura y Geografía Universal. En 1993 realizo una serie de programas radiofónicos para indígenas de Chiapas y Guatemala Coautor de exposición narrativa (1974) y autor de cuento: Un millón de fantasmas (1974); poesía: Balada de amor y muerte (1980), Canto de amor a unos zapatos viejos (1985) y Poema ecológico (1993) y ensayo: Literatura}7 poder (1982), Historia del periodismo mexicano, Del ocaso porfirista al derecho de la información (1983), Comunicación rural. Teoría y Practica (1983) y Géneros periodísticos (1984).

Narrador y poeta. Estudió en el Instituto de Periodismo de Yugoslavia, y ciencias de la información en la UNAM. Ha sido profesor en la FCPyS de la UNAM; jefe del Departamento de Prensa del CONACyT; editor de México y sus Bosques; fundador de Ciencia y DesarrolloComunidad CONACyT y Conexión. Colaborador de ABC’S, Continente, Diario de la Tarde, El Gallo Ilustrado, Mañana, México en la Cultura, México y sus bosques, Novedades, Revista de América, Siete[1].

Obra publicada

Cuento: Un millón de fantasmas, INJUVE, 1973. || Exposición narrativa, FEM, 1974. ||Cuentos maravillosos, Gob. del Edo. de Chiapas/Coneculta Chiapas, 1999.

Poesía: Balada de amor y muerte, UNAM, 1980. || Canto de amor a unos zapatos viejos (Borrásforas y Poligorías), Katún, 1985. || Poema ecológico, Conaculta, 1993.

Periodismo: A mano armada: la delincuencia en la ciudad de México, UNAM, 1987[2].

La inversión

La inversión es un juego sano, porque permite conocer al hombre tal cual.

El primer paso es invertir un calcetín o una media.

Pueden jugarlo varias personas.

Luego, cada jugador se invierte a sí mismo, o uno a otro, utilizando para ello el intestino grueso y el esófago, en tal forma que las vísceras queden a la vista y al alcance de todas las aves de rapiña.

Leopoldo Borrás
No. 52, Abril 1972
Tomo VIII – Año VIII
Pág. 771

Muerte de la muñeca de chocolate

52 top
Estoy en el coche observador sintiendo cómo va fundiéndose en mis dedos la muñeca de chocolate. Las manos se me vuelven torpes a base de dulce, negrura y calor. A mi lado, los compañeros de viaje se ocupan de su revista ilustrada y su corbata o su atractiva faja. No miran. Y si lo hicieran, no verían sino el entrelazamiento de mis nerviosos dedos: mi querida e invisible muñeca continuará deshaciéndose sobre mi piel hasta cubrir con sus hilos la superficie roja de mi isla vital.

A mi derecha aparece una larga y angosta faja de tierra que corta al mar por ese lado. Se me antoja esta espada de palmeras el instrumento preciso para cortar en innumerables trocitos la carne dulce de la muñeca. Pero es inútil: a mis pies yace un minúsculo lago oscuro que inmediatamente es cubierto por una capa de agua salada que yo he bombeado con mi incontrolable y eficaz nostalgia.

Abro el refrigerador y saco el sobre sin estampillas y sin rótulo. Luego emerge la muñeca de chocolate con sus facciones perfectamente dibujadas y ligeramente humedecidas. He acudido con rencor y con las manos provistas de alfileres. Voy clavando en todos los lugares sagrados las puntas afiladas, mientras sonrío sin convicción. Escucho luego el llamado del teléfono y me alejo. Al volver me encuentro con los mástiles blancos colocados sobre el barco café que se aleja velozmente de mi costa humana y agrietada…

Así y en muchas otras formas desconocidas ha muerto la muñeca de chocolate.

Miguel Covarrubias
No. 52, Abril 1972
Tomo VIII – Año VIII
Pág. 765