Recomendaciones

En los primeros días del año 2,270 las computadoras nos dieron a conocer la noticia que nuestros hermanos del planeta Marte nos mandaban: “no se aceptará ninguna expedición de terrícolas que no vengan con fines científicos, pues sólo contribuyen al aumento de la población marciana”.

Jesús Porras Botello
No. 52, Abril 1972
Tomo VIII – Año VIII
Pág. 785

Mutación

Y sucedió que un día el hombre encontró en su recámara un horrible monstruo, pero venciendo el miedo y la repugnancia se fue acercando a la extraña criatura y cuando la tuvo al alcance del puño, tan cerca que pudo escuchar la respiración jadeante y sentir su pestilente hálito, asestó un terrible puñetazo en la cara de la bestia. Y vio desaparecer al monstruo convertido en una multitud de pedacitos de espejo.

Pedro Crespo
No. 52, Abril 1972
Tomo VIII – Año VIII
Pág. 782

Mi vecina

Mi vecina era tan hermosa que parecía formada de flores. La encontré en el cubo de la basura, con un poco de vida aún, y me dijo.

—Se acabó la fiesta, amigo. Ya estoy ajada.

Nunca supe si hubo entierro o quedó reducido a un detalle de limpieza.

A. F. Molina
No. 52, Abril 1972
Tomo VIII – Año VIII
Pág. 781

La destrucción por el fuego

Al ver la llama viniendo hacia mí, tuve la certeza de que inexorablemente empezaría mi destrucción y que todo lo que hiciera por evadir la determinación de una voluntad superior, sería inútil. (Y eso en el caso de que hubiera podido hacer algo). Creo que mi final lo sabía desde siempre, mucho antes de que me sacaran de la celda en donde me hallaba recluido con mis semejantes. Es triste saber su propio destino y no poder evitarlo. Triste sentir el fuego consumiendo mi cuerpo, avanzando gradualmente, y mi voz flotando en volutas de humo y mi cabeza aprisionada en un cepo blando y férreo al mismo tiempo… Ya es demasiado tarde; nadie, menos ahora que se acerca la hora de la abolición definitiva, puede evitar la extinción por el fuego a la que fui condenado desde el principio y conmigo todos los que fuimos sentenciados a consumirse prendidos a unos labios. Todos los que como yo son eso: un cigarro. Un cigarro. Nada más.

Pedro Crespo
No. 52, Abril 1972
Tomo VIII – Año VIII
Pág. 774