La destrucción por el fuego

Al ver la llama viniendo hacia mí, tuve la certeza de que inexorablemente empezaría mi destrucción y que todo lo que hiciera por evadir la determinación de una voluntad superior, sería inútil. (Y eso en el caso de que hubiera podido hacer algo). Creo que mi final lo sabía desde siempre, mucho antes de que me sacaran de la celda en donde me hallaba recluido con mis semejantes. Es triste saber su propio destino y no poder evitarlo. Triste sentir el fuego consumiendo mi cuerpo, avanzando gradualmente, y mi voz flotando en volutas de humo y mi cabeza aprisionada en un cepo blando y férreo al mismo tiempo… Ya es demasiado tarde; nadie, menos ahora que se acerca la hora de la abolición definitiva, puede evitar la extinción por el fuego a la que fui condenado desde el principio y conmigo todos los que fuimos sentenciados a consumirse prendidos a unos labios. Todos los que como yo son eso: un cigarro. Un cigarro. Nada más.

Pedro Crespo
No. 52, Abril 1972
Tomo VIII – Año VIII
Pág. 774

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