Una llave

—Y usted, cielo ¿adónde va?

—Yo voy a mi casa, a encerrarme bajo veinte llaves. A ti, que me gustas, te voy a regalar una, la última de mi recámara.

Los hombres acudían a casa de Dolores con toda la desesperación del deseo de la realización imposible. Una vida no alcanzaría para rendir a una tal mujer, fuerte, bella y casta. María de los Dolores.

J. A. Manrique
No. 57, Febrero-Marzo- 1973
Tomo IX – Año IX
Pág. 510

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