El barco

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El capitán Walter —cuando se desnudaba se le veía la larga vegación (sic) de venas azules, por debajo de la piel— se metía agujas en el cuerpo. Toda clase de agujas. Fue un trabajo paciente, fino, sutil. Llevó años. Primero las gentes creyeron que Walter era un masoquista, pero no: era un lobo de mar con alma de artista. Cuando terminó se sacó una radiografía y la mostró ufano a todo el mundo: entonces pudieron ver el hermoso barco que con las agujas se había armado dentro de las carnes.

Enrique Anderson Imbert
No. 57, Febrero-Marzo- 1973
Tomo IX – Año IX
Pág. 544

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