Diferencias ideológicas

Era lo único que había entre nosotros: hasta llevaba la barbada efigie del “Che” impresa en el frente de su abultado suéter. Discutimos muchísimo. Pero por fin se rindió ante mi lógica.

—Vos hablás mucho de libertad y de no-opresión —le observé—. Pero no tenés ningún reparo en guardar a esas dos tan apretadas. Se convenció: sus manos ágiles revolotearon, tironeó del suéter, y el “Che” dejó de interponerse entre los dos.

Carlos María Federici.
No. 57, Febrero-Marzo- 1973
Tomo IX – Año IX
Pág. 548

Último modelo con filosofía programada

Me costó hasta el último centavo y hasta la postrera porción de aire pulmonar; pero valió la pena.

¡Era el último modelo! Pelo natural, seudo-carne y … ready for action, como rezaba el aviso. Hasta hablaba… y filosofaba también.

Judy: el sueño inflatable del solterón.

Avancé hacia ella, anhelante. Sus ojos azules ( ¿de qué diablos los habrían hecho, que hasta se movían? ) rezumaban de promesas. Sentí húmedas las palmas y galopante el corazón. ¡Judy!

… ¿Cómo ocurrió? ¡Ay! Nunca lo supe. Una quemadura en la estufa, un pinchazo accidental… ¡qué importa ya! Todo terminó.

Oí una explosión apagada y la vi encogerse ante mi impotente horror.

De entre las mejillas progresivamente flácidas se escapó un suspiro de voz; una delicada excusa:

—De goma somos… —y Judy murió.

Carlos M. Federici
No. 57, Febrero-Marzo- 1973
Tomo IX – Año IX
Pág. 547

Casi

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Odio este caótico siglo XX en que nos toca vivir —exclamo Raimundo—. Ahora mismo mando todo al diablo y me voy al católico siglo XIII.

—¡Ah, es que no me quieres! —se quejó Jacinta—. ¿Y yo, y yo que hago? ¿Me vas a dejar aquí, sola?

Raimundo reflexionó un momento, y después contestó:

—Sí, es cierto. No puedo dejarte. Bueno, no llores más. ¡Uff! Basta. Me quedo. ¿No te digo que me quedo, sonsa?

Y se quedó.

Enrique Anderson Imbert
No. 57, Febrero-Marzo- 1973
Tomo IX – Año IX
Pág. 544

El juicio final

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Raúl se hizo amigo de su Ángel de la Guarda. Conversaban horas y horas. De historia, de arte, de filosofía. Un día el ángel —que era un alma de cántaro— le reveló el secreto:

—El Juicio Final comenzará a toques de trompeta, pero será lento. Todas las naranjas formarán una naranja ideal. Todas las esmeraldas entrarán en una pura esmeralda. Todos los hombres apretarán en un arquetipo de hombre… Y así con todo. Cuando las innumerables cosas, bien clasificadas, se hayan reducido a piezas únicas, Dios las conservará como un museo.

Enrique Anderson Imbert
No. 57, Febrero-Marzo- 1973
Tomo IX – Año IX
Pág. 544