Último modelo con filosofía programada

Me costó hasta el último centavo y hasta la postrera porción de aire pulmonar; pero valió la pena.

¡Era el último modelo! Pelo natural, seudo-carne y … ready for action, como rezaba el aviso. Hasta hablaba… y filosofaba también.

Judy: el sueño inflatable del solterón.

Avancé hacia ella, anhelante. Sus ojos azules ( ¿de qué diablos los habrían hecho, que hasta se movían? ) rezumaban de promesas. Sentí húmedas las palmas y galopante el corazón. ¡Judy!

… ¿Cómo ocurrió? ¡Ay! Nunca lo supe. Una quemadura en la estufa, un pinchazo accidental… ¡qué importa ya! Todo terminó.

Oí una explosión apagada y la vi encogerse ante mi impotente horror.

De entre las mejillas progresivamente flácidas se escapó un suspiro de voz; una delicada excusa:

—De goma somos… —y Judy murió.

Carlos M. Federici
No. 57, Febrero-Marzo- 1973
Tomo IX – Año IX
Pág. 547

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