La última de las mil y una noches

Cuando Scheherezada concluyó su postrer relato, inclinó la frente hasta la espesa alfombra y dijo: “Dueño de mí, ahora os ruego que me perdonéis la vida si os he entretenido durante todo ese tiempo”.

Schariar no respondió. Por eso, ella osó levantar la mirada, y frente a sí sólo vio un monigote vestido de Sultán, casi pulverizado por la polilla.

José Barrales V.
No. 57, Febrero-Marzo- 1973
Tomo IX – Año IX
Pág. 575

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Muerte dieciochesca

Tembló una vez. Y luego otra más. Y aún tuvo fuerzas para estremecerse por tercera y última vez, antes de que su luz se extinguiera definitivamente. Entonces su viuda, desde el otro brazo del candelabro, pensó que el pobre se había apagado como una vela.

Jesús Abascal
No. 57, Febrero-Marzo- 1973
Tomo IX – Año IX
Pág. 574

Irreal

Ese hombre era distinto a todos los demás: actuaba en otra forma, pensaba de otra manera, y, en general, todas sus acciones y creencias eran diferentes; por esa razón se reunieron un día todos los habitantes del pueblo, y después de deliberar durante 13 días y noches continuas, nombraron una representación que fue a entrevistarse con él.

—Hemos llegado a la conclusión de que tu problema con nosotros es de irrealidad; por lo tanto, hemos decidido que el veredicto sea: ¡desaparición!

—¡Pero si yo no soy irreal! —refutó él.

Ellos se le quedaron viendo, y el que había hablado anteriormente volvió a hacerlo.

—Eso lo sabemos y ya lo hemos discutido, pero el veredicto tiene que cumplirse.

Entonces vio como todos ellos desaparecían.

Ignacio de la Miyar García
No. 57, Febrero-Marzo- 1973
Tomo IX – Año IX
Pág. 573