En defensa propia

Los bandoleros, cansados por el diario desprestigio de un “Festival de las mejores películas de gangsters”, saltaron fuera de las pantallas y extrajeron de elegantes estuches de violín categóricas ametralladoras, amenazando con ellas a los televidentes que, aterrorizados e incrédulos, contemplaban el último asalto: el robo de sus propios televisores.

Roberto Bañuelas
No. 47, Julio-Agosto 1971
Tomo VII – Año VIII
Pág. 154

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Baile de máscaras

Después de estacionar el extraño vehículo, descendieron para entrar al gran salón de baile. Fueron recibidos con vítores y risas estridentes por una fauna de seres ridículos y fantásticos que habían abandonado sus propias deformidades para encarnar, durante una noche desquiciada, las de héroes grotescos.

Luego se celebró el concurso para premiar a la pareja del mejor disfraz, habiendo sido ellos los ganadores por su caracterización perfecta de “Los viajeros espaciales”.

Cuando terminó la fiesta, abordaron el platívolo y emprendieron el regreso a su planeta.

Roberto Bañuelas
No. 47, Julio-Agosto 1971
Tomo VII – Año VIII
Pág. 154

Uno de los trabajos

Al ver lo inútil de las flechas, de la guadaña de oro, de la pesada maza; la inutilidad de su extraordinaria fuerza —probada desde la cuna— empleó el último recurso: herir mortalmente la vanidad de ella.

—Señora, cada cabeza es un mundo.

La Hidra de Lerna se desplomó. Otro mito muerto. Hércules había vencido.

Tomás Espinoza
No. 47, Julio-Agosto 1971
Tomo VII – Año VIII
Pág. 149