Luna de maldición

Me estoy muriendo. La vida se me escapa en chorros escarlatas que no puedo contener. Igual que los demás… Me descuidé. La horrorosa visión me conmovió de tal manera que olvidé la prudencia. Debe haber visto mi sombra…, o quizás hice algún ruido. Ahora está a salvo. Yo era el único que sospechaba de él. Nadie lo creería. Parecía uno de tantos, a pesar de su reserva y de sus costumbres algo raras. Yo fui el único que recordó que él conocía a todas las víctimas. Y todas muertes habían ocurrido en noches de luna nueva. Y las heridas… ¡Sólo uno de ellos podía causar esas heridas! Pensé en las viejas leyendas… y me dediqué a vigilarlo de cerca. Y ahora confirmo mis sospechas. Pero me muero y ya nadie lo sabrá… Aún lo distingo, aunque cada vez con menos claridad, erguido frente a mí sobre sus dos patas blancas…, su repulsiva desnudez sin pelo, y su hierro tronador humeante todavía. Y ríe…, ríe, con la espantosa risa roma de los lobos-hombres.

Carlos María Federici
No. 47, Julio-Agosto 1971
Tomo VII – Año VIII
Pág. 205

Anuncios

Opina

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s